VIRTUDES DE UN DEPARTAMENTO PEQUEÑO

Hemos cumplido tres meses en el nuevo departamento enclavado en el campo, cerquita del Cuchumá, la montaña sagrada para los kumiai. Desde nuestra llegada, el contacto directo con la naturaleza fue la primera satisfacción que sentí al haber tomado esta decisión. Vivir en un espacio mucho más chico que la casa anterior no era algo que me convenciera mucho que digamos al principio, pero a casi cien días de la mudanza puedo decir que me siento feliz de esta experiencia y que desde ahora puedo augurar que el día que nos despidamos de aquí (ajá, estoy casada con un hombre nómada y maravilloso) lo haré con mucha nostalgia también.

Vivir en un lugar que te brinda la paz de la naturaleza, tener alberca en el área común, cruzar la calle y estar en la escuela de tu hija y tener a lindas amistades como parte del vecindario son ventajas grandísimas del hecho de vivir aquí. Pero lo que me gustaría es contarles los beneficios de simplemente vivir en un lugar chico aunque no existan todos esos “plus”. En estos tres meses he sentido una vibra de mucha calma y mi día a día ha tenido algunos cambios significativos que creo se deben al giro que dio mi vida por el hecho de vivir aquí. Así que aquí les voy con las virtudes de vivir en un espacio pequeño:

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TIENES SÓLO LO QUE NECESITAS: Es cierto que aunque vivas en un departamento puedes arreglártelas para seguir acumulando, pero yo me he tomado muy en serio la oportunidad de hacer una limpia exhaustiva y guardar en clóset y cajones lo estrictamente indispensable. Siempre me ha gustado hacer un par de revisiones al año para sacar todo lo que ya no necesito, pero ahora aproveché para hacerlo más a conciencia. Es muy típico que ves un rollo de listón que tienes guardado hace cinco años por si se te llega a ofrecer envolver un regalo con él y lo sigues guardando hasta la siguiente limpia. En esta ocasión he sido mucho más estricta con las cosas que se quedan, porque esos “por si acaso” son muchas veces un mito. ¿Tengo años sin usarlo? Entonces adiós. Es cierto que esto me ha tomado mucho más tiempo y de hecho aún no termino, pero he sentido muchísima satisfacción de ver mi casa con las cosas que de verdad necesito y no abrir un cajón y verlo desbordarse de artículos que sólo se están haciendo viejos. Lo cual me lleva al siguiente beneficio, muy ligado a éste:

TE ES MÁS FÁCIL MANTENER UN ORDEN: Donde hay pocas cosas, es más difícil que haya desorden. También pasa que si dejas aventados los zapatos en el comedor, se notan mucho más en una casa chica que en una grande, así que vivir aquí me ha ayudado a dejar menos cosas para después. Antes era muy típico que dejara los trastes sucios para el siguiente día, que llegara con las bolsas del supermercado y dejara todo en la mesa por varias horas o que fuera mucho más laxa con el orden de la habitación de mis hijos. No me he convertido en ninguna generala que no deja un vaso sin lavar, pero sí me he dado cuenta de que ordeno mucho más en el momento para que la casa no se vea tirada. Esto me trae mucha paz, simplemente porque el orden ayuda en eso: a tener una sensación de calma y bienestar que luego es fácil extrapolar en otras áreas de tu vida. Vivir en un lugar ordenado te inspira a tener orden en tus pensamientos y a ser más creativo con tu tiempo y tus actividades. El desorden distrae, al menos de eso me he dado cuenta en los últimos meses.

ES MÁS RÁPIDO LIMPIAR: Hay una señora maravillosa que me ayuda con la limpieza por las mañanas, pero ahora que tiene tan poco trabajo porque acaba en un dos por tres, me ayuda también muchísimo a cuidar a Matías para que yo pueda hacer vueltas en la calle o escribir más (yes!). Y los días que ella no viene, a mí también me resulta más fácil mantener la casa limpia, lo cual agradezco en el alma. No es que antes me matara limpiando porque la verdad es que la escoba y yo no nos llevamos muy bien, pero ahora la agarro con gusto porque sé que es algo en lo que no voy a invertir mucho tiempo.

MATÍAS ANDA MUY LIBRE: Vivir en un espacio chico es buenísimo cuando tienes bebés. No hay escaleras peligrosas o muchos muebles en los que pueda andarse trepando y que tengas que estar al pendiente. Matías anda solo por toda la casa y en casi todos los puntos puedo verlo o escucharlo perfectamente desde donde estoy, así que él puede andar libremente y yo seguir con lo mío. La única puerta que sí le cierro es la del baño porque ahí guardamos las cosas de limpieza y porque los escusados son una fuente inagotable de experimentación para los de su especie jajaja.

PUEDES DECORAR A TU GUSTO CON MENOS: Sonará increíble, pero como desde que nos casamos siempre hemos vivido en casas de renta, nunca he tenido el tiempo, o el presupuesto, o la inspiración para decorar justo como a mí me gusta porque nunca acababa. Ahora hemos decorado con las pocas cosas que pudimos traer y estoy feliz con el resultado. Aún no está el departamento listo al cien por ciento en cuestiones de decoración, pero es muy poco lo que falta y casi todo pudimos hacerlo con las cosas que ya teníamos, sin necesidad de comprar muchas cosas nuevas (que luego terminas regalando o tirando a la basura).

AHORRO (Y LIBERTAD): En un lugar chico no sólo ahorras energía eléctrica, agua o gas, también ahorras dinero en tus compras. Desde que vivo aquí compro más a conciencia simplemente porque no me cabe todo lo que antes solía comprar, desde comida, ropa, juguetes, muebles o adornos. Entonces compro lo que de verdad necesito y eso te da una sensación de libertad indescriptible por varias razones: no inviertes tanto tiempo en comprar, no estás preocupado por cuidar todo eso que compras de más, no gastas tu energía en ordenar todo lo que compras y que muchas veces no usas y no te pasas las tardes clasificando cosas o reordenando para que las cosas se vean mejor o sean de mayor utilidad. Ejemplo: vendimos nuestro antiguo refrigerador duplex y compramos uno pequeño que se ve mejor en la cocinita, así que compro la comida que es necesaria y desperdicio muchísimo menos que antes porque es raro que algo se me eche a perder.

TE INVITA A EXPLORAR MÁS: Este departamento no es taaaan pequeño como para que de plano no podamos tener privacidad. Tiene un par de habitaciones, un baño, cocina, sala y comedor y todos los espacios tienen el tamaño perfecto, ni muy grandes ni muy chicos. Tiene hasta un balcón (ese sí es pequeñito) que se me antoja acondicionar para salirme con mi viejo a echar unas chelas en las noches estrelladas que acá se ven preciosas. Sin embargo, sí nos pasa que a veces nos vemos demasiado cerquita y nos dan ganas de salir para tomar aire. Yo soy súper casera, puedo estar haciendo mil cosas aquí dentro y no me aburro nunca, pero vivir en un espacio chico es un buen pretexto para salir más y explorar lugares a los que antes no has ido.

EN GENERAL, VIVES UNA VIDA MÁS SIMPLE: Para vivir cómodo y feliz en un departamento hay que mantener las cosas simples y de eso estoy aprendiendo mucho en los últimos meses. Me ha gustado ver cómo la simpleza en mi hogar se ha ido colando en otras áreas de mi vida. Soy una persona que piensa y analiza muchísimo las cosas y eso puede llegar a ser cansado y complicado en muchas ocasiones. Vivir aquí me ha invitado a soltar no sólo la ropa, tazas o libros que ya no uso, sino también algunos hábitos ya obsoletos y darle la bienvenida a una forma de caminar más sencilla.

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