UN TOUR POR MI COCINA

¿Cuántas cosas tenemos en la cocina que ya no usamos? En cada una de mis mudanzas, en las que por cuestiones de la vida me he vuelto una verdadera experta, he procurado ir haciendo limpias constantes para llevar solamente lo que necesito al nuevo hogar. Incluso me propongo hacer un par de limpias al año para ir depurando lo que ya tiene meses sin usarse, pero la verdad es que siempre hay uno que otro sartén o uno que otro pyrex que juras que usarás en algún momento y por eso lo sigues conservando.

Nuestro último cambio fue de una casa muy grande a un departamento, así que me vi tentada a donar muchas más cosas y, en la búsqueda viciosa en Pinterest sobre decoración de espacios pequeños me topé con la corriente del minimalismo, muy en boga desde siempre en oriente pero más recientemente en Estados Unidos y Canadá. Esta filosofía me atrapó y no tardé mucho en identificarme con ella porque siempre he sido enemiga del cachivache y la acumulación de cosas sin sentido.

No voy a decir que me convertí en minimalista porque no es así, pero sí estoy en el camino de deshacerme de todas las cosas que no uso o que no le agregan valor a mi vida de alguna manera y de comprar con más conciencia y solamente lo estrictamente necesario. Por ejemplo, hace años que no me compro un tupperware y mejor reutilizo los recipientes de plástico del queso cottage o de vidrio de la salsa de tomate. A Matías no le he comprado más que un par de termos con popote y una tacita entrenadora y usa los platos y cubiertos de plástico que usaba Emma de pequeña. Hace unos años David me regaló la maravillosa licuadora Vitamix que hace de todo, así que en esta mudanza me deshice por fin de la batidora y la procesadora de alimentos. Doné todos los sartenes, cubiertos, tazas y vasos que una (no entiendo muy bien por qué) va acumulando en la vida y me quedé con los estrictamente necesarios para comer nosotros y poder servir a los invitados cuando llegamos a tenerlos. Tengo las mismas cucharas de cocina y juego de cuchillos de cuando me casé (hace ya casi trece años) porque funcionan perfectamente bien.

Para esta mudanza me propuse decorar única y exclusivamente con las cosas que ya tenía o que pudiera hacer yo misma con mis manos… pero bueno, sí compré algunas pocas, pero fueron mínimas: una lámpara de papel blanco para el comedor que en Ikea me costó 12 dólares y el carrito azul que ven en la cocina, también de Ikea, porque bueno, es turquesa, jajaja, y fue amor a primera vista. Compramos también un abanico de techo y la litera de mis hijos. Eso fue todo, que para mí es realmente poco comparado con lo que siempre comprábamos en el pasado para cada mudanza.

Y todo esto, ¿para qué? Contar solamente con las cosas que son necesarias para la vida cotidiana o que le agregan valor de alguna manera me ha traído muchísimos beneficios, como una sensación de libertad y tiempo libre porque no te pasas la vida escogiendo-cuidando-limpiando-dandoservicio-ordenando el millón de cosas que sólo están ahí acumulando polvo, un aspecto más limpio a mi medio ambiente (en el caso de este post, a mi cocina), el uso de la creatividad para usar las cosas de otra manera, un ahorro importante en la economía familiar y el cuidado del planeta al consumir con conciencia, entre muchos otros.

Como dije antes, estoy en el camino y aún hay ciertas cosas que puedo ir descartando de mi casa para vivir de una manera más simple, pero creo también que es un proceso, como todo en esta vida. Mientras tanto, les comparto el punto en el que me encuentro actualmente en mi cocina, que considero está ya muy cercano a mi meta. Lo único extra que quiero comprar es un horno eléctrico porque mi estufa no tiene horno y ya se acerca el tiempo de frío. Y usted, querido lector y lectora, sabe muy bien que un otoño sin hornear no es otoño de verdad.

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Éstas son las especias que más uso, por eso están más a la mano: sal de mar, pimienta, mezcla de hiervas italianas, ajo en polvo y canela.

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Hoy fue día de desinfectar verdura, lo hago siempre en la tarja de la cocina.

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El lugar de la cocina más desordenado siempre, todo mundo lo sabe, es donde están los tupperware y trastes de plástico. En mi casa, además, está al nivel del piso y es el lugar favorito de Matías para jugar, así que les mentiría si les digo que siempre está así de lindo, porque no es verdad. Lo que sí puedo decir es que, al tener pocos utensilios, es mucho más fácil y rápido ordenar de nuevo.

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Les presento a mi batería de cocina completa: un wok, tres sartenes de teflón, tres de acero inoxidable y dos ollas de acero también. ¡Ah! también tengo el juego Le Creuset que ven en la repisa en la foto de arriba, pero esas son vintage y las uso muy poco, la verdad es que las tengo casi casi como en un altar jajaja porque las amo y sólo con verlas me pongo de buenas. Son de esas cosas que quizá no use mucho, pero que sí agregan valor a mi vida pues me inspiran muchísimo y hasta ganas de cocinar me dan.

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Éste es el carrito de Ikea que les platiqué. Originalmente lo compré para poner mis telas pero me gustó mucho cómo se ve en la cocina. Hasta abajo guardo los cartones de leche, en medio los manteles y secadores y arriba una caja con bolsitas de té.

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Estos son todos mis pyrex y en la parte de abajo todos mis frascos de cristal reciclados donde guardo frutos secos, azúcar, granola, avena y otras cosas por el estilo.

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Y por último les muestro los dos únicos cajones de la cocina: en uno están todos los cubiertos y utensilios y en el otro los individuales y las cajas de papel encerado, aluminio y plástico adherible. Es rarísimo que yo compre bolsitas para los sandwiches, de hecho jamás lo hago, pero le pidieron a Emma unas en la escuela, así que me quedé con las que sobraron.

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