Un año en Tecate, Baja California

Cuando llegamos a vivir a Tecate, el 12 de julio del 2011, en el radio sólo se escuchaba la canción "Someone like you" de Adele. Literal. Yo cuando manejo sólo escucho el radio, y en el peregrinar del "scan" por una estación y la siguiente, había días en los que la única resonancia era la famosísima canción inglesa. No hubo de otra más que convertirla en mi himno personal dedicado a la melancolía. De esas canciones que cuando hayan pasado veinte años y la vuelva a escuchar, me tomará de la mano para llevarme siempre al mismo lugar: un día soleado en el bulevar Los Encinos, o a lo mejor en la gasolinera en la Avenida Juárez, o quizá en la puerta del jardín de niños Carrusel para dejar a mi hija en la mañana, o tal vez en la calle Hidalgo con una nieve Thrifty en la mano izquierda y el volante en la derecha, o en el estacionamiento del swap-meet justo antes de bajarme del carro para ir a visitar a mi papá a su pizzería… pero siempre el mismo sol y siempre la misma ciudad. ¿Cómo puede una misma canción doler tanto y luego de unos meses inflamarte las venas de gozo? ¿Y cómo puede una ciudad hacer lo mismo? Por la dulce indulgencia de nuestro amigo el tiempo, como siempre aconsejan algunos. Yo no perdí una relación personal como Adele en su balada, pero el 12 de julio del 2011 yo estaba segura que había perdido la sagrada conexión que te da la cercanía física con mucha gente que amo, mis rutinas, mi futuro vislumbrado, mis lugares comunes. Por eso antes de venirme eché a la maleta cada amistad, cada cerro, cada calle, cada escuela, cada trabajo, cada costumbre, cada experiencia, cada parque y cada barrio que me marcaran durante catorce años. Tan pesado venía mi equipaje que al principio no pude más que llorar a fuerza de ir soltando cada kilo extra, llorar para purificarme de viejos hábitos y darle paso a los nuevos, llorar porque en verdad creí que había perdido algo y en el duelo a una no le queda de otra más que llorar. ("Who would have known how bittersweet this would taste?")

El tiempo, siempre compasivo y condescendiente, lo fue conmigo también. Sólo era cuestión de esperar su aparición en el dramático montaje, porque aunque se le quiera borrar del guión, él siempre encontrará un momento para escabullirse y aparecerse en el escenario. Y te puede asegurar todo el mundo que el tiempo está entre los actores y que sólo es cuestión de esperar su manifestación para ser testigo del vuelco que le da a la historia. Todos te lo pueden decir… no lo vas a entender sino hasta que te lo encuentres cara a cara.

Ahora veo atrás. Ya no me duele Adele y ya no me duelen Monterrey o Tecate. Ahora me hinchan de placer. No pueden dolerme porque para mí las dos ya son lo mismo: mi hogar.

Gracias a Tecate que me ha dado tanto. Me dio una casa y regresó a mi familia a mi lado. Un desierto, un mar y un bosque en las mismas coordenadas. Una pasión dormida. Me dio el mejor pan, queso y vino que he probado en mi vida. Me dio a la carretera que todavía a veces me asusta. Nuevas amistades que ya atesoro en las páginas de mi historia. A la naturaleza muy a la mano. A la nevería Thrifty a la vuelta de la esquina. A mi hija corriendo en la playa. A mi padre renaciendo una vez más de una cama de hospital. A mi esposo encontrándose. Me dio la Rumorosa, el Cuchumá y a mi hermano que me llevó a Narnia. Me dio a su gente, que es lo que siempre amaré más de un hogar.

Hace unos días le pedimos a Emma que modificara un comportamiento que no le estaba ayudando y le prometimos que si lo conseguía le daríamos un premio. Lo que pidió fue ir a la playa con nosotros y con su Tata y Martha para volar un cometa. El martes fuimos a cumplirle (y cumplirnos) el deseo. Caminando por la playa a una hora de distancia de nuestra casa, mientras nuestra hija corría con el papalote en la mano que no tardó más que dos segundos en acariciar las alturas gracias al viento que hacía, David me dijo que momentos como ése lo convencían de que mudarnos fue una buena decisión. Yo, acostumbrada a dudar, asentí. Y no pude más que reír, porque en verdad creí que había encontrado algo y en el hallazgo a una no le queda de otra más que reír.

("You know how the time flies. Only yesterday was the time of our lives. We were born and raised in a summer haze, bound by the surprise of our glory days").