Síndrome del nido

Desde que empecé a coser, nunca he tenido un lugar personal para hacerlo. Cargo mi máquina hasta donde haya un rincón libre y ahí me instalo. Cuando vivía en Monterrey lo hacía en mi comedor, y en la cocina había una barra maravillosa donde podía cortar la tela de una forma comodísima. Mis primeras telas las guardaba (en serio) en una hielera que no tenía otro uso en la casa. Así que de esa forma tenía todo muy a la mano. Lo que no me gustaba era que tenía que sacar todo cuando quería coser algo, y luego guardarlo todo perfectamente bien para que el comedor siguiera siendo un lugar acogedor para otros dos de mis placeres: la comida y la plática. Y justo ahora que vivo en un lugar donde el espacio es más reducido que en mi antigua casa, se me metió en la cabeza que a estas alturas merezco un lugar mío para crear lo que quiera. Un lugar donde cuando me entre la inspiración pueda correr a sentarme y punto, sin perder tiempo en desplegar toda la herramienta y después en recoger todo otra vez. Es básicamente por esta razón que si tengo 15 minutos libres, mejor me pongo a tejer y a la costura la he dejado un poco de lado.

Este afán de diseñar mi propio espacio viene mucho a colación también porque ya está en camino mi máquina de coser nueva: una Janome que, por los reviews en Amazon, promete hincharme las venas de gozo. Así que el síndrome del nido me está atacando con fuerza; quiero recibir a la reina como se merece, con todo lo necesario. El reto es que el espacio disponible es de 1.10 por 1.50 metros. Viviendo en esta casa me he dado cuenta que entre más chicas son las dimensiones, más grande debe ser la creatividad, y la satisfacción de haber aprovechado bien un pequeño espacio es muy grande. Yo ya tengo algunas ideas, pero cualquier sugerencia no sólo es bienvenida, sino necesaria =)

 

ÉSTE ES EL ESPACIO DISPONIBLE. POR LO PRONTO TENGO NADA MÁS EL PAR DE MESITAS DONDE PONGO LAS CHIVAS, Y DEL MUEBLE BLANCO DISPONGO SÓLO DE LOS DOS CAJONES DE ABAJO, EL RESTO SON PARA LAS COSAS DE MI ESPOSÍN.