No he podido coser, pero ah cómo he cocinado. La cocina es otro de mis placeres, y tengo un mes en el que encontré el tiempo perfecto para darle a las cucharas y los sartenes. Hace más o menos un mes que nos mudamos de ciudad, ahora vivo en Tecate, Baja California. Completé el ciclo que inicié en Monterrey hace 14 años y me vine con mi esposo y mi hija a iniciar una nueva aventura a esta tierra de climas contrastantes, paisajes de película y gente amable hasta más no poder. Además es un lugar donde se come como Dios manda. Aquí todo es bueno, desde un taco de frijol hasta una pasta con su buen vino bajacaliforniano. Es la tierra del vino, de la langosta acompañada de tortillas de harina y frijoles, de la carne asada, de los tacos de pescado y donde nació la ensalada césar. Es un lugar que te invita al placer culinario, y yo he aceptado gustosa esa invitación desde que llegué =) En mi casa hay una higuera que en estos días está rogando porque recojan sus decenas de frutos. Es como un alma dadivosa, entre más higos le quitas, más te ofrece. Así que decidí hacer una mermelada, la primera en mi vida y estoy segura que la primera de muchas más porque fue una experiencia chingona. Mi nana Ele está de visita, una mujer bellísima que nos cuidó cuando éramos niños a mis hermanos y a mí y que cuidó también a mi mamá cuando estuvo enferma de cáncer. Otra alma dadivosa. Ella empezó con la recolección de dos kilos de higos y cuando desperté en la mañana, ya estaban todos peladitos. Yo me encargué de lo demás. Para dos kilos de higos utilicé un kilo de azúcar sin refinar (Sugar in the Raw es lo mejor que yo he probado). Corté en trozos los higos y los mezclé con el azúcar, tapé el bowl y lo puse en el refri por 12 horas. En la noche lo sacamos, lo pusimos a hervir y le agregamos el jugo de un limón. Lo dejamos reducir dándole vueltas a cada ratito y después de una hora más o menos la mermelada ya estaba lista. La vaciamos en frascos de cristal esterilizados y los pusimos boca abajo a dejarlos enfriar, para que se hiciera el vacío y la mermelada se pueda conservar por varios meses. Mmmm, el resultado fue lo máximo.

El cambio de ciudad ha sido un proceso agridulce. Hay cosas maravillosas aquí pero la adaptación me ha costado su trabajito. Todas las cosas buenas llevan su tiempo, y yo estoy en ese momento de reducción, de espera, en lo que la comida está lista. Hay cosas de Monterrey que extraño, pero si la vida te da higos, pues ¡vamos haciendo una mermelada!

¡QUEDÓ RIQUÍSIMA! NO DESPERDICIAMOS NADA =)