En la película "Peaceful Warrior" hay una escena donde el protagonista (Dan) sube una pequeña montaña guiado por su maestro (Sócrates), quien le prometió enseñarle algo extraordinario al llegar a la cima. Durante las tres horas que dura el recorrido, el joven va lleno de un entusiasmo poderoso que lo empuja a seguir caminando a pesar del cansancio y las incomodidades. Está feliz, optimista y emocionado porque sabe que en la meta podrá conocer ese tesoro prometido. Al terminar el camino, Sócrates le muestra una piedra del tamaño de su mano. Decepcionado y hasta un poco molesto, Dan le pregunta por qué lo hizo subir hasta ahí para enseñarle algo tan insignificante. El maestro le dice: "Pero si todo el trayecto estuviste muy ilusionado y contento, durante todo el viaje te sentiste muy bien". "Sí, porque durante tres horas creí que iba a ver algo extraordinario". "Pues aquí está". "¡Aquí no hay nada más que esta roca!". "Ok, quizá hubiera sido mejor que te advirtiera que lo que veníamos a ver era esta roca. Pero la verdad es que yo tampoco estaba seguro de lo que íbamos a encontrar aquí arriba". Sócrates pone en la mano de Dan la piedra y se va diciéndole: "Siento mucho que ya no estés feliz". Dan observa durante unos segundos la roca en su mano y al final le dice al maestro: "El viaje… El viaje es lo que nos da la felicidad, no el destino". Puedo ver esta escena una y otra vez y me sigo encontrando en la cara de Dan cuando se enoja porque no vio algo maravilloso en la cima de la montaña. Me identifico con su desánimo y desesperación porque quiere el tesoro impresionante luego de un recorrido lleno de obstáculos, espinas y callejones al parecer sin salida… sin acordarse que además de las penurias, en el camino también lo acompañaron el optimismo, la ilusión y sobre todo, el gozo. A mí me urgen los resultados. Me llega una idea a la cabeza y quiero la materialización para los cinco minutos siguientes… o si hay chanza, para los tres. Así he sido desde que me acuerdo: inquieta e impaciente.

Y luego uno se acostumbra a lo bueno luego luego. Una de las bellezas de vivir en una ciudad chica luego de vivir en una metrópoli, es que todo te queda impresionantemente cerca y puedes hacer tus diligencias en tres patadas. Cuando llegué a Tecate, me di cuenta de que el cajero de mi banco me quedaba a cinco minutos en carro y que el tiempo que hacía de fila nunca rebasaba los tres minutos. Fui muy feliz durante el primer mes, y luego empecé a preguntar si no había un cajero más cerca. Ajá: WTF. Evidentemente todo el mundo se burló de mi insensatez, y ahora que lo recuerdo y mientras lo escribo tampoco puedo aguantar la risa. Ahh, la inocencia de creer que al tiempo puede estirársele de algún modo.

Por eso amo coser. Desde que empecé, la máquina me sosiega, me obliga a ir de forma pausada, porque de plano no me queda de otra. Muchas veces he platicado que me gusta mucho más tejer porque el tejido te lo llevas a todas partes y en cualquier lugar puedes avanzar en tu labor, así que terminas mucho más rápido una bolsa o una bufanda tejida que una cosida a máquina. Pero en la máquina me ocurre algo que hasta ahora el tejido no me ofrece: como se hace del rogar, me detiene; se da su lugar y por ende frena mi instinto de caballo desbocado. A la máquina no se le lleva a todas partes, ella es la que manda en qué momento y lugar recibe amorosa la tela y el hilo. No se le puede encender si no se tiene un plan en mente, si no se tiene un lugar al que se quiere llegar con su ayuda. No se puede exigirle, no se puede presionarla, ante ella hay que doblegarse.

En síntesis, ella es la reina. Y yo su peón.

Escoger el proyecto que voy a coser, seleccionar las telas y la forma de combinarlas para que puedan hablar entre ellas, plancharlas para que queden lisas y mejor dispuestas para la fase del cortado, unirlas con la aguja y el hilo y ver cómo va tomando personalidad esa bolsa, ese mandil o esa colcha es mi proceso, mi caminar por esa pequeña montaña. Mi tarea es gozarlo y, lejos de decepcionarme cuando llegue el final, agradecer que es momento de continuar el placer con el siguiente proyecto.