¿Por qué hago quilting?

Si me pongo ecológica, hago quilting porque me gusta aprovechar hasta el último retazo de tela. Si me pongo nostálgica, porque me acuerdo de una época feliz de mi vida en la que vi una película que me llegó hasta los huesos: "How to make an american quilt". Si me pongo romántica, porque me ilusiona pensar que con mis manos perpetúo la antiquísima cadena femenina en pro de las cosas hechas en casa. Y si me pongo honesta, la verdad es que hago quilting porque es una forma de desconectarme del mundo y acordarme de mí, de lo que se siente respirar inspiración y contento, de entrar en un paréntesis de todo lo demás. 

Cada día me enamoro más de lo que significa crear cosas con mis propias manos y por eso cada día agradezco la oportunidad que tengo de hacerlo a mis anchas. Aunque en ocasiones pasa mucho tiempo sin que pueda sentarme en la máquina de coser porque ando ocupada en otras cosas, el hecho de voltear a ver el rincón que tengo en una esquina de mi casa donde está una mesa de madera que me costó 200 pesos en una segunda y en la que descansan pacientes mi Janome y mi laptop, me recuerda que tengo la fortuna de dedicarme a lo que más me gusta… y eso me hace sonreír.

El torrente dichoso inicia desde que voy a la tienda de telas a escoger algunas para el siguiente proyecto. No es ningún secreto que me gustan los estampados coloridos en los que sobresalen los rosas, naranjas, amarillos, aquas, lilas y verdes bambú. De hecho es una de las primeras cosas que le agradezco a My Pumpkin: el hecho de haberle inyectado color a la paleta de mi vida. Antes de dedicarme a esto, no salía de los tonos terracota, grisáceos y oscuros como el azul marino, verde botella o el negro. Me enloquecen los patrones con flores chicas o grandes y figuras que evoquen elementos decorativos vintage. Soy una fanática de las texturas algodonosas, sobre todo ese algodón grueso que se utiliza para el quilting.

Otra cosa que me fascina es seleccionar en mi casa las telas que voy a usar para mi bolsa, mandil o colchita. Puedo decir que es el paso que más me gusta del proceso: escoger qué estampados voy a usar, combinar colores y patrones y decidir qué tela utilizaré en cada parte del proyecto. Creo que es la parte en que puedo darle rienda suelta a mi creatividad y jugar más, porque todo lo demás es bastante mecánico. Eso sí, ir atestiguando cómo va tomando forma esa pieza y al final colocarla en una mesa o un sillón para dar dos pasos hacia atrás y verla en su totalidad, es algo que sigue volándome los sesos todavía hoy, después de más de tres años de haber encontrado esta pasión.

Llevar a la realidad algo que imaginaste en tu cabeza trae consigo una buena dosis de complacencia y regocijo. Nos recuerda nuestra capacidad creativa, muchas veces dormida por la cultura del consumismo y la imposición de los artículos de "úsese y tírese", la comida rápida y el reemplazo inmediato de un producto por uno nuevo cuando le falló alguna pieza. Siempre podremos comprar una lámpara nueva, pero no le tendremos el mismo cariño si la hacemos con nuestras propias manos. Siempre podremos llevar hot-dogs a una fiesta, pero nunca los disfrutaremos tanto como unas pizzas con su ensalada caseras. Siempre podremos invertir en un comedor si el nuestro ya pasó de moda, pero nunca lo apreciaremos igual si encontramos una reliquia en algún bazar y lo pintamos y decoramos tal y como lo imaginamos.

Construir con las manos te brinda inevitablemente una sensación de bienestar. No tienes que ser buena para las manualidades porque no tiene que ser algo muy elaborado. Pintar una figura de cerámica, convertir una vieja tetera en una maceta o coserle un listón mono a una cobija vieja pueden ser buenos comienzos. No hacen falta materiales sofisticados, puños de horas libres ni grandes conocimientos. Lo único que sí requerimos es una profunda sed por encontrarnos en aquello que somos capaces de llevar de nuestro sueño a lo tangible... y sonreír.

 

Aquí les comparto mi proceso para armar una colchita My Pumpkin. Les debo la foto de la cuilta terminada porque todavía no está al 100%, espero que esta semana quede lista para que salga a la venta :)

 

1. El primer paso es rescatar retazos de tela de antiguos proyectos y cortar tiras de 2.5 pulgadas de ancho.

2. Después hay que escoger el patrón para unir las piezas y coserlas de esa manera. 

 

3. Cortar la parte posterior de la colchita ("backing"). Ninguna tela tiene el tamaño suficiente para abarcar toda esta superficie, así que hay que cortarla en dos o tres piezas y luego coserlas para formar una pieza del tamaño de la colchita. 

 

4.Luego hay que cortar y coser la orilla o bies ("binding") de la colchita. En primer lugar se corta la tela a la diagonal, lo cual permite que el bies sea mucho más manejable y fácil para curvearse en las esquinas. Después hay que cortar tiras de 4 pulgadas de ancho y unirlas todas para formar una gran tira de unas 300 pulgadas de largo para una colchita individual. El paso final es planchar toda la tira a la mitad para que nuestro bies quede listo para usarse en el último paso de nuestra colchita. 

 

5. El paso del "ensandwichado" es de los más importantes porque aquí se unen las tres capas que conforman una cuilta: el frente ("top"), el relleno ("batting") y la tela posterior ("backing"). Hay muchas técnicas para unir las tres piezas pero yo opto por la más práctica, que es comprar el relleno (parecido a la guata) "fusible", es decir que se tiene una especie de pegamento que se adhiere a ambas telas a la hora de planchar con vapor.   

 

6. Ahora sí: ¡a acolchar! Este paso puede hacerse a mano ("by hand"), a máquina ("by machine") o incluso hay gente que lo hace "by check" jajaja, o sea que paga porque alguien más se lo haga. Yo opto por acolchar a máquina porque es más rápido, pero el trabajo de acolchar a mano obviamente es muchísimo más valorado por su calidad artesanal. 

 

7. El último paso para tener la colchita lista es coser el bies, o "binding", en todo el perímetro de la cuilta. Este paso también puede hacerse a mano o a máquina. Yo combino los dos, a veces uso la máquina si tengo prisa y otras veces lo hago a mano porque el acabado es mucho más lindo.