PLAY HOGAR: LA SEGUNDA PARTE DE LA COLECCIÓN

Jugar es poner en pausa al pensamiento y alimentarse el alma. Es recordar que no se ha dejado de ser niño, que es posible volar a la luna en papalote y que de nuestros dedos salen luces para colorear los días grises. Jugar es despojarse de expectativas y sonreírle a la incertidumbre. Cruzar todos los mares en la balsa tejida con nuestros sueños, reconocernos desnudos y dueños del universo al mismo tiempo, bailar bajo la lluvia y volver a conectarnos con nuestro origen creativo. 

¿Quién nos dijo que debíamos despedirnos del juego en la puerta de la adultez? ¿En qué momento creímos que eso era cierto? Quizá fue cuando nos tomamos demasiado en serio las responsabilidades y caímos en la trampa del temor a lo que puede ocurrir mañana. Nos fueron enseñando que había que ganarse un lugar en el mundo como cuando subimos a un camión apretujado de otros seres que hacen todo lo que pueden para no caer al piso en cada arrancón. Nos dijeron que había que tener el control… y la capacidad de jugar se escapó por la ventana cuando hicimos caso. 

Así que ahora nuestro espíritu nos apura a pagar el rescate para liberar a nuestra curiosidad secuestrada. Leemos libros que nos invitan a vivir el presente y tomamos cursos para resucitar la capacidad de asombro. Emprendemos todos los días la búsqueda de un método que nos sirva para salirnos del molde que nos hemos construido y pegamos post-its con frases positivas por toda la casa para tener presente lo que nos gusta y mantener vivos nuestros anhelos. Enviamos mensajes dentro de una botella a esa niña dormida que, confiamos o queremos confiar, puede aportarnos sabiduría ancestral en el tema de aventurarse a lo desconocido con fe.      

Y ahí, en algún lugar de nuestro interior envuelto en una luz mortecina, nos damos cuenta que a ratos de desadormece, estira los brazos para desentumirse de los años apagados entre cuentas por pagar y futuros que debíamos asegurar. Y entonces brincamos en ese charco que nos encontramos en plena calle, nos invitamos a la guerra de almohadas de nuestros hijos, pateamos el balón para regresarlo a los chiquillos en el juego improvisado del barrio o nos hacemos de un puñado de telas para convertirlas en los lienzos que añorábamos colorear. Nos atrevemos a jugar, porque recordamos que hay tiempo suficiente mientras queramos mantenernos vivos y no simplemente existiendo.         

“PLAY” es la primera colección que lanzo con la técnica de blockprinting para pintar textiles. Se divide en Bolsas, que puedes ver aquí, y en Hogar, que aparece en este post. Es también la primera colección en la que me atrevo a jugar con pinturas sobre una tela, a experimentar, echar a perder y a intentarlo de nuevo. A no preocuparme tanto por el resultado sino por disfrutar y aprender todo lo que se pueda en el proceso. En resumidas cuentas, en la que me atrevo a ser niña otra vez. 

Para ver todos los detalles de la colección Play Hogar y comprar alguno de los productos, puedes visitar nuestra tiendita en línea.