WE'RE OPEN!: MANDILES GRATITUD (VENDIDOS)

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El “¿Cómo se dice mijita?” de nuestras madres ha viajado por siglos, países, épocas, formas de educar y tradiciones, manteniéndose intacto e inmaculado, sagrado, siempre a la mano. Y el sonriente “Gracias” de las hijas acompañándolo, completándolo, como si no pudiera uno vivir sin el otro, como la cerradura con su llave o la luna con el mar. Así nos enseñan a agradecer las madres desde el “Salud” después del estornudo hasta el regalito en el cumpleaños. “¿Cómo se dice?” “Gracias”.  

Y luego vamos creciendo y como si lo tuviéramos tatuado en la lengua, soltamos el gracias a diestra y siniestra, muchas veces a conciencia y otras por simple condicionamiento. Como sea, de unos años para acá me he tatuado también la creencia de que ese inocente “gracias” tiene poderes de alquimia, como si la palabrita estuviera cargada de una intención cósmica que es capaz de transformar(nos) todo.

El arte de la gratitud, cuando se siente realmente en las tripas, nos lleva por caminos muchas veces insospechados. Es fácil agradecer cuando la vida nos sorprende con detalles que nos agradan como la llegada de un hijo, el arcoiris después de la lluvia o un cono de nieve de la Thrifty (no que compare la alegría del hijo con la del arcoiris y el cono, pero así de grande es el espectro de lo que podemos llegar a agradecer). Pero hay otros detalles que podrían parecernos redondos porque nomás no podemos encontrarles el lado digno de agradecimiento.

En mi creencia, esta que les cuento que traigo ya tatuada, todo, TODO, es una oportunidad de practicar la gratitud. Es cierto que habrá experiencias en el camino que no nos dejarán ningún deseo de agradecer, pero si nos atrevemos a dar el brinco fuera de los juicios, el miedo y la razón, quizá nos demos la oportunidad de vislumbrar un poco de lo que queda cuando todo eso se va: el conocimiento. Si es verdad aquello de que lo que no me mata me hace más fuerte, entonces ¿por qué no agradezco eso que viví y que hace que hoy sea más sabio?

Cuando doy gracias por lo que vivo y lo que veo de una forma sincera, de esas veces en que lo hago desde mi centro y con toda la sangre corriendo hacia esa dirección, la niebla se despeja, hay algo en mi interior que me recuerda lo que realmente soy, hay una energía amorosa que se funde con la mía porque reconoce ese amor y esa rendición de mi parte… y entonces ocurre un milagro. Y la llave para acceder a él no fue más que un sonriente “gracias”.

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azul
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beige
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blue
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flores
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gallinas
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morado
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naranja
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orange
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otoño
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pumpkin
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