Una persona que amo con toda mi alma está pasando por momentos difíciles y el miércoles la tuve en el pensamiento todo el día. El impulso de hacer algo por él, por ayudarlo a ver las cosas de una forma distinta, me invade de un modo tan intenso que casi casi se me antoja que fuera verdad lo de aquella famosa varita mágica. Luego me acuerdo que no es así… y también me acuerdo que esa perenne intención de arreglarle la vida a alguien, por lo demás buenísima, puede que funcione a veces pero por lo general se queda sólo en la manía de superhéroe. Hace un par de años leí el libro "Eat, pray, love", de Elizabeth Gilbert, donde la protagonista, que nunca había tenido una comunicación muy cercana con Dios, se ve a sí misma una noche de mucha confusión recostada en el piso del baño de su casa haciendo oración, pidiéndole a ese poder superior que le enviara una señal sobre lo que debía hacer para solucionar su conflicto existencial. Como respuesta escucha una frase que le dice: "Regresa a tu cama Liz". Dócil, ella cumple con el profético consejo. Nunca como el miércoles había entendido tan bien este pasaje en la vida de la autora (el libro es una autobiografía). De esas veces en que no sólo comprendes sino que además lo conviertes en una experiencia y entonces, muy montessoriano si quieren, el conocimiento ya es tuyo.

Todo el día estuve con la pila en el último suspiro. Al principio lo achaqué a que con la vacación el sueño se ha visto mermado (¿que no era al revés? mmm), pero luego caí en la cuenta de que toda mi atención estaba en esta persona que amo con toda el alma y que lejos de ayudarle en algo, empezaba a hundirme yo también en la arena movediza del desánimo. No es novedad para nadie que la tristeza es contagiosa y aunque no estoy cerca físicamente de él, para el miércoles su desmoralización ya era mía también. Entonces me desplomé y el último aliento de la batería me alcanzó nada más para irme a la cama. Llevé conmigo a la tormentosa duda de cómo ayudarlo, pero igual que Liz, con toda la mansedumbre de que fui capaz doblé las rodillas ante el mismo Dios que, indudablemente, sabe más que yo.

Al día siguiente (y todavía hoy) esta persona sigue en mi pensamiento, pero con la pila recargada las imágenes lucen muy distintas. Agradecí la sugerencia leída hace dos años en ese libro, porque es verdad que por la mañana siempre sale de nuevo el sol y en este caso, la luz me pintó el panorama de un tono más claro. No sé todavía cuál es la mejor ayuda que puedo darle (y quizá nunca lo sepa o incluso la ayuda que necesita no sea la mía), pero sí sé que la dicha es aún más contagiosa que la tristeza; así que por lo pronto, mi tarea es ser dichosa.

Hay muchos tipos de trabajo y por el momento no puedo imaginarme alguno cuyo objetivo no sea en beneficio de otro ser humano o de una comunidad. Puedes ser maestro, doctora, bombero, policía, ama de casa, fotógrafa, empresario, contadora o cualquier otra cosa… el mejor servicio siempre será ser feliz. Daniel Gilbert, coproductor del documental "This emotional life", asegura que la ciencia ha revelado tres importantes hechos en torno a la felicidad: No puedes ser feliz todo el tiempo. Puedes ser más feliz de lo que eres ahora. No puedes ser feliz tú solo. Este último quiere decir que tu felicidad invariablemente contagiará a otro, o bien, la felicidad de otro te contagiará a ti. Bendita epidemia para la que no hay vacuna.

Dedico estos mandiles a quienes, consciente o inconscientemente, se dedican a este tipo de servicio.

Muchas gracias a la dichosa Ana Luisa Cíntora por prestarme su cocina, de la que estoy enamorada, para tomar las fotos de los mandiles. Y muchas gracias como siempre al fotógrafo y dichoso que por suerte tengo en casa, David Josué.

 

MANDILES "PRAY" Y "LOVE" (Les debo el "EAT" jajaja)

100% algodón

 MANDIL "PRAY"

MANDIL "LOVE"

TODO MUY PICADITO LE DEJÉ A ANA

NO PUDE NO MOSTRAR ESTAS JICAMITAS. ¡SON DEL TAMAÑO DE UNA MANZANA!

ESTE TÉ ES EL QUE TOMAMOS DURANTE LA SESIÓN. SI UN DÍA LO VEN, CÓMPRENLO Y SE VAN ACORDAR DE MÍ.