LOS PIES EN LA TIERRA

Que tus pasos te lleven por senderos dichosos y que, en las épocas de sequía, encuentres un amor para apoyarte y tomar fuerzas otra vez. Que tu mirada opte por la belleza en el camino, tus pies se conduzcan siempre hacia aquello que anhelas y que, cuando sea el momento, tu brújula te muestre el norte que te recibirá en casa otra vez. Que la vida bendiga estos primeros días tuyos de caminante, con esa marcha inestable pero curiosa que a los que te amamos nos infla el corazón de contento.

Que las caídas te hagan más fuerte y más sabio tus decisión de levantarte, con las rodillas sucias pero el alma dispuesta a seguir en la ruta. Que ésta esté llena de días de sol y de lluvia, de lunas llenas y estrellas fugaces, de otoños y primaveras, de amigos entrañables y anhelos libres de cualquier límite. No me escapo de la ingenua tentación de alfombrarte el camino por mi condición de madre, así que para mí deseo el recuerdo presente de que a tu vida no le hacen falta mis esperanzas ni afanes de alfarero, acaso mi abrazo amoroso o la palabra sin juicio cuando a mí acudas en busca de consuelo.

Que a mí me baste con verte andar, justo como me basta ahora tu caminata en ciernes con la que soñaba desde hace meses y que, a decir verdad, llegué a temer que se quedara en sueño. O quizá, si se me permite, sí le ruegue algo más a tu destino: que estos primeros pasos te lleven después a brincar muy alto una cuerda, nadar en mares pintados de luces del medio día, subir con tu padre una montaña en bicicleta, bailar sin ataduras bajo árboles cobrizos… vivir con los pies en la tierra y el espíritu en el cielo.

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