P1010617 Saltar al vacío con un paracaídas. Mudarme a otra ciudad. Renunciar a un empleo para dedicarme a lo que me apasiona. Apasionarme con el que ya tengo. Pararme de cabeza en el yoga. Viajar. Pedir perdón. Plantar un árbol. Proponerle matrimonio. Casarme. Escuchar el diagnóstico. Tomarme la medicina. Construir nuestra casa. Dejar a mi bebé en la guardería después de la cuarentena. Dejarlo con mi marido. Estudiar la carrera de mis sueños, no la redituable. Grabar un disco. Escribir un libro. Construir un puente. Traer un hijo al mundo… entregar un padre al cielo.

Para todo lo anterior, así como para un millón de cosas más, necesitamos de ella. Tiene sólo dos letras y un significado tan grande que apenas un milagro hace posible que quepa en ella. No vamos a contradecir a John Lennon, así que diremos que sólo la necesitamos a ella, además del amor. Algunos la acentúan al escribirla, quizá por el afán de enfatizarla también en su vida. Se trata de la fe.

Marce Solís, una amiga regiomontana que conozco sólo virtualmente, me recordó el valor de la fe en noviembre, cuando resultó ganadora del Rally Fotográfico para celebrar el segundo aniversario de My Pumpkin. Si recuerdan, el premio del rally era cualquier producto del catálogo de opciones que lancé en el 2012, y cuando Marce ganó me pidió que su premio fuera una "cuilta" como la Rachel, pero me pidió también que la bautizáramos con el nombre Fe, inspirada en una historia personal que no puedo revelar pero que me hizo soltar las lágrimas que me hacían falta para lavar las dudas que tenía en un aspecto muy íntimo en mi vida.

Por eso agradezco haber lanzado este rally en noviembre, agradezco que Marce se haya animado a participar, agradezco que ella haya ganado, agradezco que me haya contado su historia y agradezco que me haya pedido hacer esta colcha… pero sin duda lo que más agradezco es que ella haya sido el vehículo para ayudarme a recordar que la fe mueve montañas, incluso esa maciza cumbre que nos sirve de coraza y que hemos ido acrecentando con los miedos y las culpas que venimos arrastrando a través de los años. Si la fe mueve montañas, puede moverme también a mí. Y tan sólo con creer esto, pero creerlo de verdad, es suficiente para sonreír.

Me falta muy poco para terminar la colchita Fe, pero quise mostrar este adelanto como un obsequio para Marce, a quien espero conocer en marzo en persona y entregar personalmente este regalo, que a final de cuentas fue mutuo :)

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AQUÍ MUESTRO LA MITAD DE LA COLCHITA :)

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