La mejor historia del mundo
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"Mamá, ¿me cuentas un cuento?" "Pero si ya es muy tarde mi amor".

"Ándale, uno cortito".

"Estoy algo cansada, mejor te leo uno de tus libros".

"Nooooo, uno inventado, por favor, uno de la mariquita atrapasueños".

"Ya te he contado muchas historias de ella".

"Pliiiiissss, ándale, es que me gusta mucho que me cuentes, ¿sí?"

"Ok. Pues resulta que a la mariquita atrapasueños un día se le ocurre volar por Hermosillo y ¿qué crees que pasó?"

Esos ojos como un par de lunas llenas de octubre son los que quiero guardarme en la palma de la mano y escondérmela detrás. Atesorar en la bolsa del pantalón tu mirada llenita de inocencia para sacarla en los días de lluvia y enamorarme otra vez de ti. Que esos labios rosados y abiertos y esa emoción que te cubre el rostro se queden refugiados en mi memoria, de donde no se vayan nunca aunque los árboles se deshojen y la Tierra se canse de danzar en torno al Sol. Así quiero quedarme contigo para siempre, mi Emma cumpleañera, mi niña grande de ocho años y de corazón retacadito de ilusiones; así, con esa cara con la que confías en que lo más excitante de este mundo está a punto de ocurrir.

Me quiero volver custodia también de tus lágrimas de impotencia cuando las cosas no salen como te gustan, las de tristeza porque algo te ha hecho sentir mal y las de miedo si te quedas solita en la oscuridad. Las deposito en mi alma y las cuido como parte del regalo que has venido a darme, envuelto en horas de música clásica para dormir, olor a eucalipto e insomnio en las noches de enfermedad y adivinanzas en la carretera para que las horas pasen más rápido.

En una cajita en mi buró guardo tus carcajadas mientras me salpicas de sal con tus patadas a la orilla del mar y me apropio también de cada castillo de arena, dibujo con acuarelas y bolsita de algodón para llevar a todas partes tu pequeño mundo de hojas secas, piedras de colores, ramitas del árbol vecino, animales miniatura y el papel del caramelo de ayer. Y los besos tronados a tu hermano, los abrazos de bienvenida a tu papá que llegó de viaje y tus "te quiero mami" que llenan el silencio en las tardes de costura en el comedor me los tatúo entre los recuerdos con los que escribo el libro de nuestras vidas.

Gracias por venir a recordarme lo que soy, mi Emma maestra, en esas primeras horas de un cinco de junio cuando entre el miedo a lo desconocido y el amor a borbotones me encontré desnuda estirando los brazos porque alguien me ayudó a acurrucarte ahí y nos vimos a los ojos por primera vez. Gracias por dejarme acunarte y sentirme viva de verdad cuando te alimenté con mi propia savia, por tu primera sonrisa y tus primeras rabietas, por esas primeras dudas que busqué responderme en los libros de expertos y que luego me atreví a rescatar de mi instinto. Gracias por enseñarme todos los días, por tu paciencia mientras me caigo y me levanto al aprender y por esas ganas tuyas de estar conmigo que me enternecen y me hacen creer que lo estoy haciendo bien.

Te guardo así, mi chiquita de ocho años, aunque sea sólo en mis ilusiones, porque con cada día te me vas yendo poco a poco para volverte más tú misma, más libre, más mariposa que deja atrás su capullo de oruga. Y yo me lleno de nostalgia cuando te veo los dientes de conejo si apenas ayer llorabas de dolor porque te brotaban los de leche, al mostrarme la emoción de ir a dormir con tus amigas y prescindir así de fácil de mis canciones de cuna, cuando bailas con millones de vueltas que alborotan tus rizos ahora más delicados si hace tan poco nos hinchábamos de gozo al ver tus primeros pasos.

Me lleno de nostalgia Emma, pero de esa que te saca una sonrisa de puro contento, porque cuando te veo me sigo viendo a mí misma y cada día me lleno más de paz y menos de esa obstinación de aquella madre primeriza que quiere verte como un puño de barro al que es preciso moldear y dejarlo listo para enfrentar la vida. Te amo como eres mi Emma, porque lo que eres ha venido a mostrarme cómo amarme más a mi. Porque todo lo que eres es perfecto así como es.

No dejes nunca de pedirme un cuento... porque no quiero perderme nunca el placer de ese par de lunas llenas en tu rostro listo para la mejor historia del mundo.

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