INSPIRACIÓN DOMINICAL: Una figura de yeso... ¿yo?

P1010742 Les doy la más cordial bienvenida a una nueva sección en My Pumpkin: Inspiración dominical.

Los domingos me gustan por largos... y lo curioso es que si cuento bien, realmente tiene menos horas que un lunes o un miércoles porque me levanto más tarde. Quizá sea que cada minuto del domingo me sabe a calma y a serenidad. En los domingos no hay prisas, horarios que cumplir ni ojeadas al reloj a cada rato. El domingo, al mismo tiempo que me cubre con su manto de paz, me extiende la alfombra roja hacia la entrada de la posibilidad. En el último (¿o primer?) día de la semana todo es posible: las reglas se dejan en el cajón y en su lugar se rescata a la espontaneidad.

Por eso el domingo despierto con el sol ya muy arriba, preparo unos hotcakes con mi hija, saboreamos la sobremesa, nos bañamos al medio día y comemos casi al atardecer. El domingo podemos quedarnos en pijama todo el día viendo películas y comiendo palomitas, o podemos agarrar calle para salir de la rutina cotidiana, comer con la familia o acercarnos a la naturaleza. Emma puede andar en bicicleta en el parque, a mí se me puede ocurrir una bolsa nueva y David puede sacudirse el estrés. Al domingo se le inventó para ponerse de buenas. Y así es como procuro honrarlo.

Por eso creo que no hay mejor día para la inspiración. Soy fiel creyente de que las musas nos acompañan en todo momento, pero en el domingo nos acarician más de cerca. Y por eso quiero hacer un experimento: llevar una bitácora de los regalos que recibo en el ocaso de la semana, quizá (o estoy segura) para arrancar la que sigue con el ánimo muy bien encendido. ¿Me acompañan? =)

 

INSPIRACIÓN DOMINICAL: Una figura de yeso... ¿yo?

Es bien sabido que a Emma la aventaron al mundo con un morral que contenía, entre otras cosas, lo siguiente: un cuento, una planta, un "My little pony", un iPod con música hip-hopera, una caja de cheerios y un pincel. Así que viendo su afición, desde muy chiquita me lanzo con ella a cuanta oportunidad se me ponga enfrente para que pinte, ya sea una hoja, un dibujo o una figura de yeso.

Este domingo nos fuimos al Parque Los Encinos para que anduviera en bicicleta y, por supuesto (lo más importante en su agenda), pintara una figura de éstas que abundan en las ferias, kermesses o en la ecléctica oferta de los vendedores ambulantes en la línea para cruzar la frontera. Ya podríamos haber montado una tienda con todas las figuras de yeso que mi hija ha pintado en sus tiernos cinco años y medio; figuras que yo atesoro por las manos que la pintaron pero que, en honor a la verdad, no son muy de mi gusto jajaja.

Así que la sorpresa de hoy no fue que Emma pintara un corazón de yeso... sino que yo escogiera también una figura para mí. Encontré una ardilla-alcancía que me pareció simpaticona, pedí mis acrílicos y pinceles y mientras me dedicaba a lo mismo que mi hija pensé en lo inspirador que es encontrarle el gusto a algo que creías que no era para tí. Así como Tinkerbell en su primera película, la que vio mi hija por la mañana, en donde yo vi a la protagonista tan enojada porque no la dejaban ir a tierra firme porque era una hada artesana, no una hada del jardín como las demás. Le pregunté a Emma por qué estaba tan enojada y ella me contestó: "Es que ella tiene el talento de ser artesana, pero no le gusta ese talento, ella quiere tener otro. Pero no se da cuenta de que su talento está muy padre también. Tiene que aprender a quererlo".

Evidentemente, yo no tengo talento para pintar. Pero lo que aprendí este domingo es lo inspirador que resulta intentar una actividad nueva con las mismas ganas y emoción con las que te dedicas a lo que te apasiona.

 

¡Gracias David Josué por estas fotos! =)

 

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