INSPIRACIÓN DOMINICAL: El cilantro y el mar
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Hoy fue día de campo, de respirar aire puro, de volver a las raíces, de tocar la tierra, de llenarse de sol. Y eso siempre es inspirador. 

Max cumplió 18 años y sus papás, Elsa y Víctor, nos invitaron a festejarlo al Rancho Las Ilusiones en Rosarito, Baja California, donde sus tíos David y Mary Cordero tienen instalado un verdadero paraíso con su restaurante y salón de eventos, sus sembradíos de cilantro, betabel y espinaca y algunos animales como vacas, caballos, chivos, pavorreales y hasta una avestruz. Ok, y uno que otro caracol de los que Emma se trajo tres como mascotas.

Llegamos a eso de las diez de la mañana y desayunamos como reyes, David una barbacoa y yo unos chilaquiles rojos, en una mesa larguísima donde compartíamos la comida más de 40 personas, como siempre que hay algo importante que festejar y el pan y la sal se reparten entre todos los que saben encontrar placer en este rito en el que la charla y las carcajadas se mezclan con los aromas de la cocina.

Luego nos fuimos a caminar por los alrededores y yo a tomar fotos como una loca, con el dedo muy suelto en el disparador ante tanta cosa bella que veía a mi alrededor. Rosarito es un municipio ubicado en la costa, así que cuando llegamos a la cima de un camino enmarcado por árboles y vimos los campos tapizados con los verdes plantíos, el mar en el fondo y el cielo azulísimo con una que otra nube delgada en el horizonte, no pude más que sonreír. Y a esto hay que agregarle las profundas reflexiones de mi señor padre, quien me decía mientras caminábamos de regreso: “Aprovechando esta ocasión hija mía, voy a contarte de aquellos días en los que tomaba clases con mi maestro Aristóteles. En alguna ocasión, como hoy, en la que nos reunimos en un campo muy parecido a éste, por allá en el Mediterráneo, mi amigo Ari nos ayudaba a encontrar el sentido de la existencia. Fue entonces cuando lo entendí, y hoy comparto contigo esa sabiduría tan milenaria: En esta vida matraca, de cagar nadie se escapa, caga el buey, caga la vaca… y hasta la mujer más guapa”. Entonces no pude más que carcajearme.

Hace unos días leí una frase que decía: “Procura coleccionar momentos, no cosas”. Y momentos como este domingo son los que compilo en la memoria, los que me embolso entre mis recuerdos y procuro tener siempre a la mano para cuando los días no sean tan soleados. De este domingo me llevé a la brisa marina y al olor dulzón y cítrico de la tierra alfombrada de cilantro, a mi hija tirada en el césped contando las nubes y a mi Deivid contándole cómo brotan los frutos de un enorme árbol de flores rojas, al Max embarrado de pastel de chocolate por su prima y a todos los que una vez más, hicieron de nuestro fin de semana algo sumamente especial.

Gracias por Baja California y por su inspiración que no me canso de encontrar.

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