58149_10151627874631934_1940293811_n En Baja California ya empieza a oler a uva. Faltan alrededor de cuatro meses para la cosecha del fruto de la vid y los vitivinicultores encienden motores para recibir a todos los amantes del vino que visitan la zona para las Fiestas de la Vendimia. Todavía faltan varias semanas, pero el espíritu de Baco empieza a colarse por los campos tapizados de verdes parras de la Ruta del Vino que va desde Tecate hasta Ensenada. La tierra empieza a prepararse no sólo para la recolección, sino también para la acogida de quienes vienen de todas partes para las catas de vino, los concursos de paellas, muestras gastronómicas y conciertos de alto nivel. En Baja California empieza a oler a fiesta.

Antes de regresar a mi estado, hace casi dos años, no podía tomarme una copa de vino, porque honestamente no me gustaba. Poniéndome así muy muy honesta, yo era chelera de corazón, quizá como un acto de fidelidad a mi natal Mexicali. Viene a mi mente un tambo de basura de plástico color verde que nuestro amigo Chuy compró cuando vivíamos en la zona estudiantil de Monterrey para transportar sus cosas en una mudanza. El artefacto mudancero trascendió aquellos felices años como el famosísimo "Bote Verde" (ajá, así con mayúsculas y todo el respeto), al cual llenábamos en cada fiesta con hielo y botes de cerveza y que hoy, quisiera yo imaginar, acompaña a alguna otra bandita en la Colonia Tecnológico. Así de chelera era yo.

Pero vivir en esta tierra y no tomar vino no parece ser algo natural. El aire, los viñedos a la vuelta de la esquina, las Fiestas de la Vendimia, el marido, los amigos y otro gran número de factores me llevaron a los brazos de la vid. Hoy, para terminar pronto, me tomo una copa cada dos días. Ok, cada dos días cuando estoy dentro de la rutina, pero en los días de fiesta sí me tomo un poco más, aunque advierto que nunca lo que cabe en un bote de basura ;)

Así que hoy fuimos a Rancho Tecate a la Vitis Verbena a sembrar unos sarmientos y a festejar el arranque de las fiestas vinícolas que se avecinan. Y ahí, justo como hace un año, le dimos la bendición a esas tiernas y nudosas varas para que su fruto nos siga deleitando con su abundancia. Y también agradecí formar parte de una tradición que en Baja California lleva pocos años pero toda una vida en otras zonas mediterráneas. Porque entregar poco o mucho de tu espíritu a la cadena de un ritual que se repite año con año, también es para mí inspiración.

 

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