Mi verdura favorita sobre la tierra es el espárrago. Así nada más en el grill con aceite de oliva y sal de mar son mi debilidad. Pero bueno, a veces nos queremos poner elegantes y hacer algo más elaborado. Hoy me puse los moños no sólo con este plato que, aunque el sabor es sublime no deja de ser facilísimo de cocinar, sino también con las instrucciones para prepararlo. Perdón, es que estoy de manteles largos por haber regresado a bloggear después de tanto día de desintoxicación ;)

 

ESPÁRRAGOS INSPIRADORES

(yo hice mucha cantidad porque fue nuestro plato fuerte)

500 gr de espárragos

350 gr de champiñones de tu elección (recomiendo crimini o baby bella) sin tallo

5 dientes de ajo picados finamente

3 cucharadas de aceite vegetal

4 cucharadas de Bragg Liquid Aminos, o la salsa de soya de tu preferencia

sal y pimienta al gusto

semillas de ajonjolí al gusto

 

Con tus manos limpias acaricias la áspera textura de los espárragos y la aterciopelada de los hongos. Agradeces a la tierra que les dio amparo antes de llegar a tu mesa, los lavas muy bien y tomas el cuchillo y la tabla que te acompañan todos los días, los cómplices en la alquimia culinaria donde danzan los aromas y sabores que han inspirado a cocineras por siglos.

El primer corte es para los espárragos, en diagonal, deslizas el cuchillo tres veces para obtener trozos de buen tamaño. El turno de los hongos viene después, también tres veces para quedarte con rebanadas generosas. Enciendes el fuego, intenso, exaltado, triunfante. Cuando el sartén arde, viertes el aceite y en él dejas que resbalen los hongos y el ajo. Entonces empieza la fiesta.

Cierras los ojos y te rindes al penetrante perfume del ajo entregando el último suspiro para beneficio de un plato agridulce, aromático, exquisito. Dejas que ambos compañeros perpetúen su abrazo por unos minutos y justo antes de que el agua que soltaron los hongos se haya evaporado por completo, invitas a la celebración a los espárragos. Y ahí, con los tres protagonistas enfrente, honras a esos seres que prepararon el suelo, protegieron los primeros brotes y cosecharon tu alimento. Te unes con el campo. Tocas la tierra y hasta parece que puedes olerla entre el vaivén de los vegetales.

Después de unos tres minutos, ahora que los espárragos han intensificado su verdor y continúan firmes, dejas llover la sal y la pimienta, dices adiós al fuego e inmediatamente después aderezas con la salsa de soya. Sirves sobre una cama de arroz integral y espolvoreas al final las semillas de ajonjolí. Disfrutas. Te nutres. Festejas que ahora esa tierra es parte de ti otra vez. Entonces compartes con los que más amas... así el festejo es mayor.