Un par de ojos más grandes y transparentes vinieron a ver por mí hace cinco años. A enseñarme a percibir de otra manera. Yo creí que me había convertido en madre cuando vi tus ojos negros acurrucarse y buscar su lugar en mi pecho. Entonces imaginé que tenía que alimentarte y educarte… mostrarte el camino de la felicidad. Con apenas cinco años te has reído de mi ingenua concepción de la maternidad, porque tú conoces mejor que yo lo que te alimenta, te educa y te hace feliz. Te detienes cada dos minutos cuando yo tengo poco tiempo para ver una flor, un juguete o una hormiga. Yo te apuro con mi mano para que sigas mi paso y me preguntas por qué tengo tanta prisa. Te lo explico y te quedas en las mismas, porque la flor, el juguete o la hormiga te muestran cosas más interesantes que la idea del tiempo. Tienes miedo en la noche y lloras porque quieres compañía. Tu papá te explica que los monstruos se han ido porque él es más fuerte que ellos y tú lo escuchas aunque el cuento no sea suficiente, porque sabes que un abrazo en la oscuridad te alimenta más que todas las teorías juntas. Te atacas de la risa si te bailo enfrente, si tu papá te hace avioncito, si tu abuelo te cuenta una historia con su peculiar tono solemne o si te sorprendemos con una dosis de cosquillas en la panza… e igual rompes en llanto si algo no te gusta, si te sientes insegura, si no consigues lo que quieres, si te caes y te raspas las rodillas. Sabes qué te hace feliz y qué te entristece, sabes demostrarlo y no guardarlo para después.

Qué bueno que te detienes, que me preguntas, que no te bastan las explicaciones, que lloras y te carcajeas, porque me ayudas a recordar que hay que hacer todo esto si no queremos acorazarnos cada vez más. Qué bueno que llegaste hace cinco años mi Emma amorosa… a bailar en nuestras vidas, a ayudarme en la cocina, a recoger del piso dos piedras y diez hojas secas todos los días, a saborear el agua salada en la orilla de la playa, a sacar las semillas de las manzanas para sembrarlas en el patio, a pintar con "ajaruelas" un cuadro nuevo para papá, a comer pan tostado con mantequilla y azúcar como yo lo hacía a tu edad, a encapricharte si las cosas no son como tú quieres como yo lo hacía a tu edad, a buscar la mano de mamá o papá cuando algo te da pena como yo lo hacía a tu edad, a despertar y consolar a la niña asustada dentro de mí… la que había guardado para después.

Me gusta imaginar que en tu diálogo con Dios antes de venir él te mostró una foto mía y tú sonreíste. Te habrás reído de mi inocente afán por hacer siempre bien las cosas, como por ejemplo mi papel de educadora, que en estos años me ha robado la atención que se merecen otras cosas de mayor valía que has venido a mostrarme. Gracias por venir, y gracias por enseñarme.

Emma libre y libertadora, Emma sabia y mentora, Emma niña y animadora... yo creí que me había convertido en madre, pero tengo cinco años siendo tu discípula.