El señor que cuando muera, será de un simplazo

  "Emma, hoy es la fiesta de Tata porque el miércoles es su cumpleaños", le recuerdo a mi hija el sábado al despertar.

"Mami, pero si Tata ya tiene muchos años", me contesta la inocente.

"Jajajaja, ¿y qué tiene? La gente grande también cumple años".

"Uuuuuy, pero si ya tiene como 60 mil".

No tiene 60 mil, mi papá hoy cumple 65 años y a él, que es grande, le dedico este post.

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El fuego arde. En la hielera esperan su turno la carne, el chorizo, la cebolla, el tomate, el morón, el arroz, las almejas, los chícharos y los camarones. En ese orden marcharán para cobijarse con el aceite de oliva que ya humea impaciente en la enorme paellera. Martha es la voz cantante (¡y sonante!), pero cuando se cocina para más de cincuenta, son más de dos manos las que invariablemente intervienen. Dos días antes ella coció el pollo para obtener el caldo, Mary y Elsa le ayudaron a picar la verdura, Ana le trajo las almejas y yo le dejé en la cocina un litro de lágrimas con una sola cebolla que piqué.

Es 6 de octubre, cumpleaños de mi hermano menor Carlos Fernando, y en honor a él y a mi papá que cumple cuatro días después, se reúnen los más allegados en torno a la cazuela alrededor de las 4 de la tarde, porque a la hora de la hora, tampoco es una sola mano la que mueve el cucharón. Víctor enciende el fogón, Amparo prepara la botana, Rey acomoda las mesas, Mica y yo vamos a comprar el vino, Elsa va vaciando los ingredientes, Martha supervisa y cuando llega el momento de la fotografía, mi papá toma muy solemne la pala y sonríe ante la cámara sin mucha alharaca, como lo hace siempre, como guardando nomás para él y los suyos las carcajadas que no suelta para la posteridad.

En el álbum de la familia no nos dejarás gestos entusiastas Ramón, pero a quién le hacen falta cuando en la memoria no hay que rascar mucho para dar con tu abrazo, tu sonrisa, tu consejo, tu sabiduría, tu amor y también tu aspaviento, el privado, al que sólo los que tenemos suerte tenemos acceso. Soy la suertuda que desde niña te escucha cantar a pulmón "Dicen de miiiiiií, que yo he sido un libro abiertoooooo, donde mucha gente ha escritooooo, no hagas caso nada es ciertooooo"; que te oye recitar los versos octosílabos que escribiste en la primaria: "Señores pido licencia para exponer mis razones, se me acabó la paciencia, y me bajo los calzones…"; que goza con la fábula de los rapazuelos pobretes que se pegaron de cachetes un martes por la mañana por una simple avellana; que bautizaste con el nombre de Marcela Guadalupe de los Corral Apodaca y Castro Ortega, de los Cuenca Gómez y Ruiz Elevedos, Baronesa de Mochicagüi, Condesa de Cabaiguasa, Marquesa de Torocagüi y Duquesa de Choix; que te aprende frases del inglés coloquial como "Eipinis ei pudeicri" ("Apenas se puede creer"); que te escucha el inmaculado uso del lenguaje cuando en lugar de aventar un vulgar "Estás cagando fuera del hoyo", susurras un "Estás defecando a considerable distancia del orificio receptor"… la suertuda a la que le has enseñado que no puede uno morirse de un simplazo, porque por más que me lo has pronosticado, aquí sigues entre nosotros papá.

La paella está lista y los abrazos para los cumpleañeros llueven por docenas. Es octubre y en Tecate las noches ya le bajan al termómetro unos cuantos grados que se sienten en la piel. Yo me tomo dos copas de vino, me ceno un plato y con eso tengo para sentarme a observar y escuchar; me gusta más ser espectadora, como tú papá. Como no aguanto mucho los desvelos me voy temprano, pero el tiempo me alcanza para agradecer en la mente a las más de cincuenta personas que están aquí porque te quieren y quieren a mi hermano. Porque quieren a Ramón Fernando, al señor Corral, a don Fer, al vejete, al Moncho, al padrino, al compañero, al Tatamón… al que me daba cinco pesos para que le rascara la espalda después de comer, al que toda la adolescencia me recordó: "Hija, no pasa nada", al que terminó de educarme cuando se fue mi mamá, con el que intercambio libros, al que le enseñó a mi hija a hacer pizza, al que la vida me regaló para aprender lo que es la fortaleza. Me inchas de orgullo papá. Gracias por tu devoción... y por tus simpladas, que como el azafrán al arroz, pintan mis días de un naranja intenso.

 

ELSA Y VÍCTOR SALPIMENTANDO LA PAELLA

 

VÍCTOR Y PAPÁ

CEBOLLITA, TSSSSSSS

DOS MANOS NO SON SUFICIENTES. VÍCTOR, MARTHA, ELSA Y PAPÁ.

ELSA ARROJANDO LAS COLORIDAS JULIANAS DE MORRÓN

BOTANA PREPARADA POR AMPARO Y MICA

NOPALITOS PREPARADOS POR SU SERVIDORA CON CEBOLLA MORADA, TOMATE, CILANTRO, CHILE JALAPEÑO Y VINAGRE.

¡AHÍ VA EL ARROZ! EL ALMA DE LA PAELLA.

LISTA PARA SU COCCIÓN FINAL: YA CON LOS CAMARONES, CHÍCHAROS Y ALMEJAS.

EMMA DIBUJANDO CON UNA PELOTA MOJADA

CUMPLEAÑEROS, 24 Y 65 RESPECTIVAMENTE.

CUMPLEAÑEROS CON MARTHA.

CUMPLEAÑEROS, EMMA Y YO.

MICA, ROMMEL, PANCHO Y REY.

BETO Y ANA.

MARY Y YOLY.

LA PERRADA (NO LO DIGO YO, ASÍ SE LLAMA SU CLICA)

MARTHA EN LA SERVIDERA.

ALA PONIENTE DE LA MESA.

ALA ORIENTE DE LA MESA.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!