100DAYPROJECT (10): EL LIBRO QUE EMPEZÓ TODO

Yo tenía dos años de haberme convertido en madre y desde que Emma empezó a caminar empezó en mí el cosquilleo de hacerle su propia ropa, aunque nunca lo había tomado en serio. Más bien, era una mujer de 32 años en busca de una “pasión”. Siempre describí con esa palabra ese estado perfecto en el que parecían estar las personas cercanas a mí que veía tan entregadas a lo que hacían. A la distancia, entiendo que era una necesidad profunda de reinventarme después de entrar al mundo de la maternidad. 

A esas alturas ya había sido periodista, correctora de estilo, maestra de español y había probado aquí y allá con clases de cocina, talleres literarios y diplomados de desarrollo humano y en ese momento de mi vida trabajaba con David en su estudio de foto como administradora y atención al cliente. El trabajo me gustaba pero siempre lo vi como algo temporal, sentía que era algo de mi esposo y no mío. En esa época lo que más recuerdo es lo que David siempre me decía: “Esto no se trata de una búsqueda, sino de una decisión. No esperes a que el cielo se abra para que baje un ángel y te diga cuál es tu misión en esta vida. Escoge entre lo que ya te gusta y comprométete con ello”. Y yo vine a entenderlo mucho tiempo después. 

Por esos días fuimos a la boda de una prima en Arizona y mi papá y su esposa, Martha, nos acompañaron para cuidarnos a Emma. En uno de los días de la vacación ellos se fueron a una librería y más tarde nos encontramos para comer juntos. Martha traía un libro titulado “Sew what! BAGS” que me mostró y del que me enamoré de cada página en cuanto empecé a hojearlo. Yo nunca había visto un libro así, en el que te mostraban paso a paso cómo hacer un objeto desde cero pero además con fotografías bellísimas y un diseño muy inspirador. Pensé que no podría ser tan difícil, así que me compré una máquina de coser y unas cuantas yardas de tela y tomé la decisión de aprender a coser. 

Busqué clases por todas partes y no encontré más que de diseño de modas, y yo lo único que necesitaba es que me enseñaran a usar la máquina porque lo que yo quería hacer era esas bolsas maravillosas que había visto en aquel libro. Entonces, una tarde, tomé el manual de la máquina, la encendí, enhebré el hilo por primera vez, corté dos retazos de tela, los coloqué bajo el prensatelas y empecé a pedalear. Ahí empezó la historia de My Pumpkin. Más tarde vinieron los pedidos, después el blog, luego los textos y las fotos, las redes sociales, las subastas (¿alguien se acuerda?), los envíos a otros lugares del país, los talleres de costura, el experimento con nuevos productos, la tienda en línea, la renta de un local, la exploración de técnicas para pintar tela, el dibujo y la acuarela para practicar las repeticiones en un estampado y un montón de sueños que aún tengo en el tintero y que me tomo despacio para saborearlos y poder disfrutar de todo sin necesidad de dejar nada de lado. 

La máquina de coser vino a abrirme un camino que más tarde me mostró mi verdadero amor por el diseño, carrera que desde un principio quise estudiar y nunca lo hice. Cada viaje es un mundo y en cada uno hay caminos que se bifurcan, pero al final creo que todos regresamos al mismo punto, ese que nos hace vibrar de emoción. Es cierto que eso que llaman “pasión” tiene más de compromiso y trabajo duro que de divinidad, pero recordar que desde pequeña podía quedarme horas en las tiendas de arte viendo pinceles e ilustraciones y que desde mis primeros diarios de escuincla ya osaba sentirme poeta, me da una pista de que he escogido bien. 

#100DAYPROJECT es un reto que me propuse en mayo del 2018 para escribir 100 historias en mi blog durante 100 días lo más consecutivos posibles. 

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