DELANTALES "AMORES"

Todas las madres del mundo tenemos más de una idea relacionada con las vacaciones de verano: descanso, viajes, familia, desaceleración… pero hay una que me atrevería a decir que es unánime: niños en casa. En lo personal, las vacaciones escolares me parecen una bendición porque podemos dormirnos y levantarnos tarde, porque no hay que correr en las mañanas y porque nos relajamos bastante con la rutina. Sin embargo, el combo de una madre que trabaja en casa y los chiquillos en ella todo el santo día, nos exige una fuerte dosis de creatividad para salir todos bien librados. 

Yo tengo una nena de diez años que todos los días de la vacación se levanta con la siguiente retahíla de preguntas que me suelta justo despuesito de los buenos días: ¿qué vamos a hacer hoy?, ¿a dónde vamos a ir?, ¿puedo invitar a una amiga?, ¿podemos meternos a la alberca?, ¿cuánto trabajo tienes? Y tengo también un pequeño de dos y medio que no me pregunta tanto pero sí me pide a todas horas que juegue con él, que cocinemos, que lavemos trastes, que pintemos, que veamos tele juntos, que le lea un cuento o que le deje ayudarme a pintar la tela o a teclear en la computadora. Los días que me levanto de buenas todo fluye perfectamente, pero en honor a la verdad, hay días veraniegos en los que una se pregunta por qué nadie ha inventado las escuelas de 365 días al año.  

Madres freelancers del mundo: hay una salida. El primer paso, como todo en esta vida, es la flexibilidad para cambiar el chip mental ante los cambios en las circunstancias. ¿Qué hace el árbol en el vendaval? Ajá, se doblega para no romperse. Así una, queridas madres que trabajamos en casa: cuando la vacación es inminente, relájense y fluyan. No intentemos ser igual de productivas cuando los niños están en casa que cuando trabajamos concentrada y libremente toda la mañana mientras ellos están en la escuela. No pretendamos continuar con el mismo ritmo de trabajo o esperemos obtener los mismos resultados si estamos viendo que a nuestro alrededor todo es distinto. En esto consiste ser flexibles, en adaptarnos a la situación y no resistirnos a las nuevas circunstancias. 

En esto consiste ser flexibles, en adaptarnos a la situación y no resistirnos a las nuevas circunstancias.

Hace poco (muy poco) me cayó este veinte: si yo fuera una mamá que trabaja en oficina, durante las vacaciones tendría que conseguir a alguien que cuidara de mis hijos. Si yo misma decidí trabajar desde casa es porque quiero estar con ellos y ¿qué mejor temporada que las vacaciones para hacerlo? El problema no es que los pequeñajos interrumpan mi horario sagrado de trabajo, ellos simplemente están siendo niños… el problema es que yo estoy necia a trabajar en igualdad de circunstancias cuando es obvio que éstas son diferentes. Si no queremos rompernos de estrés, la salida es doblegarnos. 

Cada una encontrará la manera de adecuar su trabajo a las nuevas exigencias organizativas de la vacación: dormir menos, inscribir a los hijos a alguna clase de verano, ordenar comida en lugar de cocinar en casa en esos días, pedir apoyo al marido o a la vecina, etcétera. La forma en que me ha funcionado a mí es que todos los días les recuerdo a los chiquillos al despertar que mamá trabajará durante toda la mañana y que en la tarde tendremos todo el tiempo para jugar o salir a donde ellos quieran. La hija de diez años lo entiende ya perfecto, pero al hijo hay que recordarle cada media hora. Y si su urgencia de estar conmigo es muy grande porque ya jugó con la hermana o ya vio tele o ya sacó todo de la alacena, entonces me siento con él un rato y recuerdo que son vacaciones y que nadie va a morir porque el post para el blog o las fotos de los nuevos delantales salgan hasta mañana. Me acuerdo del árbol y de mi deseo de no romperme.       

Ya con la actitud bien plantada, el segundo paso es seguir los sabios consejos que hoy en día una encuentra por millones en internet y que básicamente se reducen a tratar de brindar a los niños espacios y oportunidades frescas de entretenimiento. Pueden ser actividades en casa como juegos o manualidades o en el exterior como días de campo o investigaciones. La verdad es que la forma queda en segundo plano cuando nos acordamos que en el fondo, lo que nuestros hijos quieren es pasar tiempo juntos. Involucrarlos en nuestras actividades es algo que también les encanta: cocinar, lavar trastes, doblar los calcetines o hasta pasar la escoba por el piso con la música a todo volumen puede transformarse en un momento divertido. 

Y por último, dejarlos también que se aburran. Que no pasa nada que tengan de vez en cuando la cara hasta el suelo porque ya no encuentran qué hacer. Una como mamá quiere resolverles todo, pero acordémonos que ellos también tienen derecho a hacer crecer su capacidad creativa, prender sus propios focos y encontrar sus hilos negros personales. Que, como nosotras, aprendan a resolver con buena actitud sus propias tormentas y no se rompan con los vendavales.

¡Felices vacaciones tengamos todos!  

NOTA: Para ver todos los detalles y comprar los delantales AMORES, te invito a nuestra tienda en línea, la cual puedes visitar en este link