De toxinas, hormigas y nuevos comienzos...

No andaba muerta, andaba en un detox. Más bien ando porque todavía no termina el desgraciao jajaja. Ok, le tengo un corajillo porque no puedo comer a mis anchas, pero vamos a ser honestos y decir que los beneficios son tantos, que ya le estoy tomando cariño. ¿Y qué es un detox a todo esto? Es un régimen alimenticio, que en este caso debe durar al menos dos semanas, en el que le das una "reseteada" a tu cuerpo para liberar las toxinas que hemos acumulado en años y brindarle todos los nutrientes que necesita para funcionar de una manera más óptima. El cuerpo es sabio y sabe cómo trabajar bien, el chiste es darle la gasolina que necesita, que son los alimentos que vienen directito de la naturaleza, sin hacer escalas en una máquina procesadora, refinadora o adicionadora de químicos, conservadores o azúcares.

Suena todo muy lindo, pero los primeros días de desintoxicación no lo son tanto jajaja. No sé si sea yo que soy amante de la comida y me fascina sentarme a comer lo que me venga en gana (de hecho jamás en mi vida me había sometido a una dieta en donde me dijeran qué comer y qué no comer), pero de verdad que sí me costó trabajo al principio. Lo más chistoso es que me subí a este barco pensando en una desintoxicación física, pero no sabía que en estos días iba a someterme también a un detox emocional. He pasado por una montaña rusa de emociones que van del coraje al perdón, de la tristeza a la alegría, de la frustración a la paz.

Todo empezó porque el primer día me metí a la cocina a las once de la mañana y salí de ahí a las cuatro de la tarde. Cuando me di cuenta que los minutos transcurrían y yo seguía desinfectando, picando y rayando frutas y verduras, haciendo jugos, licuando aderezos, cocinando, comiendo y lavando toooodoooo lo que había usado para cada proceso, quise aventar todo por la ventana. ¿Qué me detuvo? Que el día anterior había comido puras peras y manzanas y como había sido el Día del Niño, nos juntamos en casa de una amiga con las nenas y ante mí desfilaron papitas, botanitas, sandwichitos, almendras con chocolate y un sinfín de otras delicias que no pude más que mirar mientras yo, como Eva, le daba una mordida a la manzana cuando lo que quería realmente era pecarrrrrrr jajajaja. Voy a hacer valer ese día de sacrificio, me dije cuando quise abortar la misión… voy a hacer que ese día valga la pena. Y bueno, también me motivó muchísimo que David está haciendo el detox conmigo, entonces había que darnos fuerzas mutuamente.

En donde sí me abandoné fue en mis emociones y sensaciones. Sentí ganas de llorar y lloré, de reír y reí, de dormir y dormí, de explotar y exploté. Y luego empezó a hacer calor en Tecate y aparecieron un millón de hormigas en mi cocina que me obligaron a hacer limpia en la alacena y a lavar en el momento cada cuchara para no dejar restos apetecibles. Y yo, que soy de las que creen firmemente que a los platos no hay que lavarlos en la noche porque se resfrían, que ya mañana será su momento, tuve que cambiar mis creencias en pro de la higiene del hogar. Curiosamente, mis diminutas amigas me sirvieron para organizarme mejor y cocinar con más placer, en un ambiente mucho más ordenado.

Otra cosa que me pasó es que en el camino desintoxicador me llevé de encuentro a mis gustos y pasiones. Me sentaba en la compu sin un gramo de inspiración y la máquina de coser no se me antojaba en lo más mínimo. Entonces pensé que por algo sería y me di permiso de un break. Me dio por acomodar clósets y cajones, leer los libros apilados en mi buró, ver más tele, no maquillarme y acostarme diario a las 9 de la noche. Entonces me di permiso. Detox físico, emocional y rutinario… ¡órale, "diunavez"!

Hoy, a casi diez días de comer sólo frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales y nueces, me siento aliviada de no haber aventado todo por la ventana ese apocalíptico día de las cinco horas metida en la cocina. Ahí, en el corazón de la frustración porque no podía sentarme a hacer lo que me gusta y sentirme atada a una juguera y un sartén, sembré una semilla: la de valorarme a mí y a mis circunstancias. Me fascina llegar al final del día y hacer un recuento de lo que la vida me enseñó en las últimas 16 horas; así que ahora, con el feroz antojo por un cono de nieve sólo en mis recuerdos, el disfrute de un buen platón de vegetales y la mente un poco más despejada puedo afirmar que aprendí a conocerme un poco más, a darme cuenta de los diamantes que tengo en mi familia y amistades y a definir bien mis prioridades. Nunca viene mal una desintoxicación de creencias viejas, costumbres que se vuelven vicios y desórdenes en nuestra escala de valores. Nunca viene mal darnos la oportunidad de un nuevo comienzo.

Y aunque soy fiel creyente de que la salud va de la mente al cuerpo y no al revés, creo también que no nos cae nada mal una ayudadita con alimentos que sean más naturales y por lo tanto más afines a nuestro organismo. Así que agradezco en el alma a mi amiga hermosa y gurú de alimentación Sandra Estrada de Punto Equilibrio por introducirme en este camino natural.

 

Y COMO YA VOLVIÓ LA INSPIRACIÓN, YA VAMOS AVANZANDO EN LA PRÓXIMA CUILTA QUE SALE DEL HORNO LA PRÓXIMA SEMANA =)