De árboles y mudanzas
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Hace unos días vino a la casa un amigo que tiene un proyecto buenísimo, CreatiPods, que consiste en podcasts en los que entrevista a creativos y les pregunta todo aquello que a él le interesa saber para conocerlos un poco más a profundidad. Me hizo el honor de dedicarme uno de sus podcasts y tuvimos una charla muy a gusto, acompañada de una de las cosas que más me gustan: un buen postre, una rosca judía que hizo su esposa y que estaba para chuparse los dedos.

José Luis me preguntó varias cosas interesantes pero una de ellas me dejó pensando todavía varios días después: “¿Hay algo que hayas hecho en tu vida de lo que te sientas orgullosa?” Lo que contesté de inmediato fue: “Mis hijos”, pero luego de pensarlo un poco más, le dije también que algo que me hace sentir muy contenta ahora que veo hacia atrás, son mis mudanzas, pues a mis 38 años llevo dos (muy) importantes. La primera fue a mis 20 cuando me fui de mi natal Mexicali a Monterrey para estudiar la carrera, y la segunda catorce años después a Tecate para buscar un nuevo estilo de vida con mi familia.

Digo que ambas mudanzas han sido importantes porque ahora, después de que ya pasó la parte difícil, las veo como dos parteaguas en los que mi vida dio un giro significativo, de esos giros que a la distancia caes en la cuenta de que así sin sentirlo, te hicieron crecer un poco más. De que en su momento te sacudieron las entrañas por los obstáculos que hubo que sortear, pero que ahora ves con cariño porque has entendido que estuviste siempre de la mano de eso que es invisible pero que te empuja a seguir adelante y comprender el aprendizaje después.

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NUESTRA ÚLTIMA SESIÓN DE FOTOS ANTES DE IRNOS DE MONTERREY. FOTO: Rafa Ibáñez. 

Soy una persona muy creyente de las señales, y cuando mi amiga Ivonne me dijo en 1997 que Monterrey estaba increíble para vivir y estudiar y yo sentí curiosidad al respecto, decidí hacerle caso a la intuición. Yo no estaba buscando irme de mi ciudad pero algo me movió por dentro que tomé la decisión de hacer mis maletas y saltar a lo desconocido. Muy pocas cosas hago así en mi vida porque pienso mucho antes de actuar y no soy muy amante de los riesgos, pero haberme ido significó para mí obtener tres cosas que ahora amo: mi familia, amigos entrañables y mi formación como escritora.

Y cuando a finales del 2010 David me dijo “¿Y si nos vamos a vivir a Tecate?”, la misma voz interna me repitió como en aquella ocasión “¿Por qué no?”. Yo era feliz en Monterrey, pero tenía ganas de estar más cerca de la familia, de vivir en un lugar más tranquilo y sin tanto estrés, de cambiar nuestro estilo de vida. Apenas llevo cuatro años en este lugar y ya puedo decir que a esta mudanza le debo, además de haber cumplido con los objetivos por los cuales nos vinimos, nuestro crecimiento personal y el de este proyecto que tanto amo, My Pumpkin.

Las mudanzas son de esas cosas que en algunas personas pueden generar miedo y en otras mucha emoción, o las amas o las odias, pero siempre se puede transitar por un gris saludable para no caer en ningún extremo y darle la bienvenida a todas las cosas buenas que tiene para ofrecernos una experiencia de este tipo. En ambas mudanzas lloré, me invadí de nostalgia, extrañé, me encerré, volví a salir, aprendí a soltar… pero nunca me arrepentí. Y ahora creo entender por qué, así que me gustaría compartir aquello que me ayudó, en caso de que del otro lado de la pantalla haya alguien que esté esperando leer.

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FOTO: Dos Marías

CONOCE TU NUEVO HOGAR: Como dice el anuncio: "Sé turista en tu estado". No te encierres, sal a conocer, cuanto más conozcas mejor. Si vives solo haz un itinerario para visitar algo nuevo cada fin de semana, o si te fuiste con la familia, organiza picnics, vayan a lugares que todos los miembros disfruten, pregunta a los locales cuáles son aquellas cosas que no te puedes perder. Nadie ama lo que no conoce.

BUSCA EL LADO BUENO DE LA CIUDAD. De acuerdo, decir que hay que ver el vaso medio lleno ya suena a cliché, pero no por eso deja de ser verdad, así que en estos casos funciona muchísimo verle el lado bonito al lugar a donde acabas de llegar. Quizá sea una librería buenísima, un clima maravilloso, que la gente es súper amable o que aquí no hay huracanes como donde vivías antes. Lo que sea, si nos instalamos en el mood alegre, muy seguramente encontraremos no sólo una bondad del nuevo sitio, sino decenas de bondades, lo que nos ayudará muchísimo a mantenernos motivados y felices de estar en este lugar.

CONOCE GENTE Y HAZ AMIGOS. Aceptémoslo, somos seres sociales y mientras no tengamos una tribu no nos sentiremos completos en esta nueva experiencia. Hacer amigos puede suponer un reto interesante, sobre todo si en tu vida siempre se dio de manera natural: tus compañeros de la escuela, del trabajo, de la cuadra. Dar el primer paso para acercarse a alguien quizá sea algo intimidante, pero la recompensa es mucho mayor. Ya sea en la escuela de tus hijos, en tu nuevo trabajo o en esas clases que te decidiste a tomar, siempre habrá alguien con quien puedas hacer amistad. Y quién sabe, quizá una que dure para toda la vida.

BUSCA INVOLUCRARTE EN ALGO SOCIAL. A veces estamos muy concentrados en nosotros mismos: MIS problemas, MI nostalgia, MI tristeza porque no me siento tan bien aquí como esperaba. Involucrarte en una obra social y poner al servicio de los demás uno o más de tus talentos (que seguro son muchos) hará que veas hacia fuera y dejes un poco a un lado el egocentrismo en el que todos caemos de vez en cuando. Dar siempre es sinónimo de bienestar.

EMPRENDE ACTIVIDADES NUEVAS. Decían las abuelas que el ocio es el padre de todos los vicios. Y yo creo que al menos de los vicios mentales sí lo es. Mantenerse ocupado y activo nos ayuda a sacudir las telarañas de la cabeza, y si esa actividad es algo nuevo le añadimos ilusión a la fórmula, lo que influye aún más en una actitud optimista. Métete a esas clases de francés o de tejido que habías estado posponiendo por tantos años, que ahora que no tienes tu vida social tan activa y quizá por ello tengas más tiempo libre, es el momento más adecuado.

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GRACIAS A MI MUDANZA A TECATE APRENDÍ QUILTING CON GENTE MARAVILLOSA.

MANTÉN CONTACTO CON TUS VIEJAS AMISTADES. ¿Te digo un secreto? Siempre dije que yo era enemiga del teléfono, del correo electrónico y ahora del Skype. A mí el contacto frente a frente, si no, no me sabía igual. Pues tuve que tragarme mis palabras porque extrañaba tanto a mi gente que encontré la manera de contactarme con ellas, primero por correo y ahora casi siempre por WhatsApp, lo importante es hacerlo porque una buena charla de vez en cuando, aunque no sea en vivo, es un buen respiro para tomar fuerzas.

CONCÉNTRATE EN LO POSITIVO DEL CAMBIO. Seguro este cambio traerá algo positivo a tu vida: un mejor empleo, aprender un idioma nuevo, estar más cerca de la familia, tener una vida más tranquila, etc. Quizá mudarse de ciudad puede llegar a ser al principio una experiencia retadora, pero concentrarse en la razón principal de tu cambio y en la ilusión que te hacía al principio ayudará a mantener las cosas en perspectiva.

PLATICA CON AMIGOS QUE HAN VIVIDO LA EXPERIENCIA. No eres ni la primera ni la última persona en el planeta que vive una mudanza. La gente se muda todos los días y sobrevive. Habla con esa gente, que cada uno tendrá un buen consejo para hacerte sentir mejor.

DATE PERMISO PARA LA NOSTALGIA. No pasa nada si una tarde te dan ganas de llorar, es perfectamente normal. Pensar en tu antigua ciudad, amistades, familiares, actividades y estilo de vida cuando llevas poco tiempo en un lugar nuevo puede hacerte sentir melancólico y es bueno darse permiso para sentirlo porque de esta manera vas adaptándote poco a poco al cambio y dándole chanza a la mente de irse despidiendo de todo aquello que amaba para darle la bienvenida a todo lo nuevo que estás a punto de empezar a amar.

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Como los árboles que han de ser transplantados, así hay que asegurarnos de recoger con delicadeza nuestras raíces antes de partir al nuevo terreno. Y así también como ellos, algunos viviremos más estrés que otros mientras nos aclimatamos al nuevo hogar, pero quienes consigamos sobrevivir al cambio podremos gozar de ramas fuertes y abundante follaje. Después de todo, el mundo es muy grande como para vivir en un solo sitio toda la vida y de la diversidad de la tierra es de donde nos nutrimos para alcanzar la altura a la que estamos destinados.

FOTO: Dos Marías.

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FOTO DE PORTADA: David Josué.