Cuando tomé las decenas de tiras para armar esta colchita no tenía idea de qué patrón utilizar para formarla y no se me ocurría cómo hacerla. Entonces, navegando por YouTube, me topé con un tutorial para coser una cuilta con tiras de 2.5 pulgadas de ancho como las que yo tenía. Lo único que tenías que hacer era unir todas las tiras (la verdad no recuerdo cuántas fueron) hasta formar con ellas una enoooorme tira, como de unas 1,600 pulgadas, o sea, un poco más de 40 metros. El siguiente paso consistía en ir uniendo las orillas de la kilométrica tira una y otra vez hasta tener el ancho de una cobija de tamaño individual. Entonces había que cortar una de las orillas y ya tenías la superficie de tu cuilta lista. 

Lo que me fascinó de este proyecto, es que vi en él la oportunidad de hacer una colchita sin que yo tuviera que meter mano absolutamente en el diseño. Es decir, se trataba de dejar que la pieza fuera tomando forma solita, sin controlar qué iba primero y qué iba después. Claro que yo podía haberme tomado el tiempo de planear cómo iba a quedar la cobija final si colocaba las tiras de cierta forma. Pero en esta ocasión, elegí la espontaneidad… y el resultado me dejó una satisfacción grande. Tomé sin ningún protocolo o bosquejo previo una a una las tiras para irlas uniendo en total libertad. Quise sorprenderme y lo conseguí.

No voy a decir que así me conduzco siempre por la vida, con la sorpresa como único mapa en la ruta, porque honestamente soy una persona que tiende al control. Pero sí voy a decir que a esa tendencia mía la mantengo siempre en la mira, porque cada vez que me concientizo de ella, procuro recordarme (lo más cariñosamente que puedo) que ese ánimo de escribir nuestro día con la pluma de la obsesión por el resultado no es más que una ilusión. Creo que a la vida es imposible decirle por dónde ir, que en cualquier momento ella y nuestros atesoradísimos planes se nos escapan de los dedos y nos dejan con la boca abierta, los ojos como platos y al dios "Control" en la categoría de un absurdo espejismo. Lo creo, pero aún estoy en el camino de vivirlo.

Todavía me da miedo no saber a ciencia cierta lo que va a pasar mañana, como si el saber me diera en verdad cierta seguridad. Todavía quiero que en ocasiones mi hija se comporte como yo creo que debe hacerlo, como si de verdad yo supiera qué es lo mejor en todo momento. Todavía no puedo pararme de cabeza en el yoga o subirme a un crucero, como si mantener los pies bien firmes en la tierra en verdad me libre de caer. Y así voy cargando muchos "todavías" en el saco de los asuntos caducos que ya imploran ser liberados: el miedo a las arañas, la impotencia ante los gobernantes corruptos, la preocupación por la enfermedad, la manía del perfeccionismo. Y tan fácil que sería dejarme sorprender.

Dejar que sea la vida quien decida, que a final de cuentas sabe más que yo. Sorprenderme como cuando llegamos hace dos años a Tecate y Emma nadó como pez en el agua desde el primer día, mientras yo me tronaba los dedos porque no estaba segura de su reacción ante una nueva ciudad, una nueva escuela y nuevos compañeros. O como cuando Martha, Cristina y Mónica llegaron sin avisar la noche de mi cumpleaños con una pizza, un pastel y unos globos y festejé como no lo tenía planeado. O como cuando anuncié el primer taller de costura Join & Stitch y se llenó el cupo en un par de horas. Soltar la expectativa y sonreír con lo que venga, que en todos los casos resulta siempre mejor que el antiguo plan. Y si la sorpresa resultara en algo que no nos parece tan bueno a primera vista, el tiempo se encargará siempre de ponerlo en perspectiva.

Un día de mi adolescencia que yo estaba muy nerviosa porque al día siguiente tenía un examen, mi papá me soltó uno de esos consejos que acostumbra, con pocas palabras, sin mucha ambición pero sí sabiduría: "¿De qué te preocupas hija? El que nada sabe, nada teme". Y nosotros que creemos saber tanto. Dejémonos asombrar de vez en cuando, soltemos la ansiedad por el desenlace de tal o cual circunstancia. A final de cuentas, lo que ha de pasar siempre pasará. Y cuando suceda, nuestra idea de control no nos será de ninguna utilidad.

 

CUILTA "VERA"

100% algodón acolchado 

tamaño individual 

$2,400 pesos + $140 pesos de envío en la República Mexicana