Hace algunos tres o cuatro años, no recuerdo bien, iba en mi carro por el puente atirantado en Monterrey y Lucero Solórzano estaba platicando en el radio sobre la trayectoria de Meryl Streep y un reconocimiento que la actriz estaba a punto de recibir. Mientras Lucero iba paseándose entre Kramer vs. Kramer, La decisión de Sophie, Memorias de África y Los puentes de Madison, a mí el cuero se me iba enchinando cada vez más. Al llegar a Las horas y La duda el ojo ya no aguantó y echó dos baldes de agua por la ventana. Evidentemente no conozco a Meryl Streep en persona, pero sólo ver su trabajo o escuchar hablar de su carrera me vuela los sesos, así, literalmente, me pone los pelos de punta, me estremece, me eriza la piel y en particular en aquella ocasión (sería la luna, serían mis días, sería el sereno) poco me faltó para verme ahí entre el público aplaudiéndole frenéticamente a la luminaria con el mismo arrebato con el que le aplaudí a mi hija cuando a los tres años bailó por primera vez en un teatro. Minutos después de aquella excitación rayando en los límites si ustedes gustan de la sinrazón, se me vino a la mente la idea de que todos somos uno y así pude aproximarme un milímetro más al complejísimo concepto de Unidad. Es verdad que la conciencia no nos alcanza para imaginar esa eterna y pacífica condición del Ser, donde no hay tiempo, no hay "otro" ni hay "afuera", pero si me preguntan, yo lo creo ciegamente. ¿Han sentido alguna vez una emoción o una tristeza ajena como propia? ¿Han tenido alguna idea que no pusieron en práctica y al poco tiempo la ven escrita o aplicada en algún lugar? ¿Han estado conectados de forma tan estrecha con alguien que pueden sentir lo que esa persona siente aunque no estén en el mismo lugar? Creo que la Unidad nos avienta pistas, nos da chanza de vislumbrar, nos acerca a lo que de verdad somos (UNO), aunque luego el ego nos jale para su bando de nuevo y nos volvamos a creer esto de que yo soy fulano y el otro es mengano.

Me fascina el sinnúmero de alegorías en el mundo en las que podemos inspirarnos para recordar que todos venimos del mismo sitio, de la misma Fuente y el mismo Ser. Pareciera que somos rayos pero somos un mismo sol; pareciera que somos gotas de agua salada pero somos el mismo mar; pareciera que somos pétalos pero somos la misma flor. Y eso es lo que evoca en mí esta "cuilta" (como se les conoce aquí a estas cobijitas [por el vocablo en inglés "quilt"]): pareciera que somos trozos de tela, incluso que no tenemos nada que ver uno con el otro, que no podemos hacer nada juntos, que tuvimos destinos muy diferentes… pero al final todos somos la misma colcha. Estas telitas estaban abandonadillas en una canasta sólo porque mi espíritu ahorrador no me permitía desecharlas. Son retazos de proyectos que he hecho en el pasado y que ya no alcanzaban para algo grande (al menos eso es lo que yo creía). El resultado después de unirlas no me parece grande, sino espectacular.

Y es que el fruto de la unidad siempre es monumental. Estoy convencida de que esa canción que te hincha las venas de gozo, esa foto que te transporta a otro mundo, esa sopa que revive los olores de la cocina de tu abuela, ese libro que parece tener vida propia y te zarandea de la carcajada al llanto nacieron en el mismo lugar, donde no somos tan diferentes, donde reconocemos que es absurdo criticar al otro porque no es igual que yo, no piensa o no actúa como yo. Creo que todos vamos por el mismo sendero, con los mismos miedos, exactamente los mismos deseos y la misma necesidad de amar y ser amados. Y donde uno se decide a reconocer en el otro el amor que tiene dentro, empieza una cadena milagrosa donde el río amoroso se expande y no tiene fin.

No fui yo quien recibió aquel reconocimiento por una impresionante trayectoria actoral, pero la historia de Meryl me conmovió al grado de sentirme en sus tacones por un milisegundo. Hay un hilo finísimo que nos mantiene a todos como parte de la misma célula... al menos eso creo yo.

Muchas gracias a mi amorcito por estas fotografías y a mi hija Emma, que ahora se animó a modelar.

COLCHITA "MERYL"

Algodón acolchado

37 x 50 pulgadas