BOLSITAS DE TELA "GREEN"

Hoy en la mañana escuchaba en un podcast el siguiente dato: a principios del siglo XX, el 50 por ciento de los ingresos de un hogar era para ropa y comida. Claro que los artículos relacionados con la vestimenta o la alimentación no eran desechables como lo son ahora, con 52 temporadas en lugar de cuatro hablando de moda o enormes almacenes repletos de latería, frutas y verduras que en muchas ocasiones van a parar a la basura. 

Imagino a las amas de casa de 1900 comprando el estambre para tejer sus propios calcetines y con cara de susto si vieran que hoy en día compramos una blusa y nos la ponemos tres veces antes de donarla (en el mejor de los casos) o de plano desecharla. Otro dato que me dejó con el ojo cuadrado hace unos días es uno que me dieron de primera mano: un amigo me contó que en una zona de bajos recursos muy cercana a donde vivo encontró que había cerros de ropa en un basurero. Esto le llamó la atención y le preguntó a un lugareño por qué estaba toda esa ropa ahí y no se aprovechaba. Él le contestó que era tanta la ropa que venían a donar al poblado, que la gente en lugar de lavar se ponía una sola vez cada prenda y después la tiraba para ponerse otra cosa.  

En el daño que hacemos al planeta con el consumismo exacerbado todos ponemos nuestro propio granito de arena. Comprar demasiado y sin conciencia nos ha colocado en un lugar en el que debemos empezar a pagar las consecuencias. Una amiga ambientalista le dijo una vez a David, que sufre tremendamente con los crudos inviernos de Tecate y tenía duda de comprarse unas botas forradas de borrego de marca conocida que se sabe tienen prácticas crueles con los animales, que las comprara de segunda mano o se hiciera el propósito de usarlas hasta que de plano la suela se rompiera o se mudara a un lugar más cálido y las donara a alguien que las necesitara tanto como él. El problema no es consumir, creo yo, sino desechar a la menor provocación porque entonces el comprar se vuelve un cuento de nunca acabar y la producción debe ser cada día más masiva para satisfacer tanta demanda. Y en la producción excesiva está el llanto de nuestra Tierra. 

Cuando hago conciencia y quiero hacer algo al respecto, me sirve imaginar qué haría hoy en día una mujer de hace doscientos años. No vamos a negar las comodidades que tenemos ahora como el agua caliente para bañarnos o los refrigeradores para conservar los alimentos por más tiempo, porque tampoco se trata de eso. De lo que sí se trata es de utilizar todos nuestros recursos con conciencia y recordar que hay otros millones de seres humanos sobre el planeta que también quieren disfrutar del agua potable o de un racimo de uvas frescas. 

El tema del papel y el plástico desechable es uno en el que podemos empezar a poner manos a la obra y de ahí surgió la idea de estas bolsitas para la compra de la fruta y la verdura en el supermercado. Lo ideal es comprar dichos productos a granel y no de los que vienen ya empaquetados. En lo personal, hace mucho tiempo que yo compro mis vegetales sin hacer uso de esas bolsitas de plástico que vienen en un rollo, salvo en casos especiales como los limones u otros alimentos pequeños que compro a granel, como los frijoles, las lentejas o la avena. Las bolsas de plástico grandes en las que te guardan el mandado al pagar las reutilizo para la basura de mi casa y cuando veo que ya tengo muchas para varios días, entonces opto por llevarme bolsas grandes de tela o de papel grueso que tengo especialmente para cargar las compras. 

Éstas bolsitas me encantaron porque son de algodón 100% muy resistente pero delgaditas para guardarlas fácilmente y que no ocupen mucho espacio. Vienen en un set de cinco con diferentes telas, porque ya saben que me gusta la combinadera jijiji. Espero que les gusten y sobre todo que les sirvan mucho para darle un cariñito al único lugar que tenemos para vivir. 

Para ver todos los detalles y precios de las bolsitas de tela "green" te invito a pasar a la tiendita virtual.