PLAY: PRIMEROS JUEGOS CON BLOCK PRINTING

Soy una adolescente y durante un paseo familiar en San Diego, CA, la puerta de una enorme tienda de arte llama mi atención y le pido a mi papá que entremos para ver todo lo que hay dentro. Acuarelas, acrílicos, brochas, caballetes, papelería y plumones de millones de colores se vuelven una sola estela de luz que me emborracha los ojos de placer. Siempre me ha gustado pintar y he tomado por ahí un par de clases, pero jamás había entrado a un paraíso del color como éste en el que las posibilidades van más allá de un pequeño lienzo y una cajita de óleos sobre el hombro de una quinceañera que va a la prepa con un puñado de emociones bailoteándole en la sangre. 

No sé que hacer con este gusto porque la orientadora me dice que mis tests vocacionales dictan que soy buena para la sicología o la administración. ¿Dejarlo como un hobby? Bueno. De cualquier manera, no conozco a nadie que se dedique a pintar al cien por ciento. De algo tiene una que vivir, ¿o no? Oiga maestra, pero acabo de ver el plan de estudios de la carrera de diseño gráfico. Ah, pues muy buena idea. Híjole, pero está en Tijuana y no me atrevo a irme de mi casa. ¿Algo parecido aquí? ¿Comunicación? Ok. 

Abrí la puerta del camino que transitaría durante los próximos veinte años de mi vida cuando me inscribí en la licenciatura en Comunicación en mi natal Mexicali. Dos años más tarde me atrevería a salir de casa para ir a estudiar Letras Españolas a Monterrey porque la primera carrera no me satisfizo y el sueño de convertirme en diseñadora se diluía cada vez más. Guardé los pinceles cuando retomé otra de mis pasiones: la escritura. Trabajé como reportera en un periódico y luego como maestra de español y literatura. Era el tiempo de madurar esa rama de mi tronco creativo y ansioso de expresión por vías hasta entonces dormidas. ¿He contado que fui fotógrafa también?

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El diseño me alcanzó de nuevo cuando a mis manos cayó un libro de costura de bolsas de tela con el que quedé hipnotizada, como aquel día en la tienda de arte. Me compré entonces una máquina pequeña simplemente porque no me detuve a pensarlo demasiado y ya no pude parar. La posibilidad de crear con tus manos es un embrujo del que muy pocos escapan para no volver y yo fui una de las felices víctimas. Pero hoy sé que la costura llegó a mi vida sólo como un pretexto para revivir mi pasión por el color. Muy pronto me di cuenta de que mi arrebato era por las telas y la infinita posibilidad de estampados y texturas en ellas. Un día voy a hacer mis propias telas, le dije a mi esencia de árbol del que en ese momento brotó un nuevo brazo. 

Y aquí estoy ahora, con la melancolía de escribir poco por concentrarme en el diseño, con varios fracasos en el camino antes de dominar la técnica que escogí para empezar a experimentar, con la certeza y la paz de que soy una diseñadora en ciernes y lo que he logrado con el block printing es apenas un primer comienzo, con el hambre de la principiante y la voracidad de la autodidacta y con la mesa de mi comedor salpicada de pintura, dichosa de compartirles lo que acabo de re-aprender: los sueños se cumplen. 

Las raíces de mi árbol son los miembros de mi familia y mis más profundos deseos y de mi tronco han brotado ramas que en el camino se han secado y otras que han permanecido vivas después del vendaval. Dos de ellas, las más fuertes, son las que me mantienen inspirada: la escritura y el diseño. Durante mucho tiempo quise decidirme por una de las dos amparada en aquella vieja creencia de “zapatero a tus zapatos”. Hasta que comprendí y acepté que los míos son dos: amo diseñar y no me imagino mi vida sin escribir. Tengo grandes sueños para ambas cosas y quizá tendré que darle a cada cosa su tiempo y su lugar y no esperar hacerlo todo porque ya me di cuenta de que corro el riesgo de volverme loca o, lo que es peor, perder la inspiración.

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Así que hoy lo que toca: con el corazón a mil por hora les presento la colección “Play”, la primera confeccionada con telas cien por ciento mías. Una en la que me atreví a jugar, a echar a perder, a llorar y después a reconstruir y a sonreír de nuevo. Porque de eso se trata la vida y de esa capacidad de juego quiero seguirme inundando de ahora en adelante. En esta primera parte les muestro la línea “Bolsas” y próximamente vendrá la segunda, “Hogar”. Y para festejar, porque acá la verdad es que me tienen de manteles largos, les presento también la nueva imagen del blog My Pumpkin. Gracias por su compañía, por su cariño y por su apoyo al escoger algo hecho a mano para llevar con ustedes o para demostrar su amor por alguien. De corazón se los digo, son ustedes quienes perpetúan esta cadena inspiracional. 

Los artículos completos, con todos los detalles y los precios, pueden verlos a la venta en la tiendita virtual.

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