Una amiga muy querida, Vero, me recordó hoy este poema de Mario Benedetti:

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil

al borde del camino

no congeles el júbilo

no quieras con desgana

no te salves ahora

ni nunca

no te salves

no te llenes de calma

no reserves del mundo

sólo un rincón tranquilo

no dejes caer los párpados

pesados como juicios

no te quedes sin labios

no te duermas sin sueño

no te pienses sin sangre

no te juzgues sin tiempo

pero si

pese a todo

no puedes evitarlo

y congelas el júbilo

y quieres con desgana

y te salvas ahora

y te llenas de calma

y reservas del mundo

sólo un rincón tranquilo

y dejas caer los párpados

pesados como juicios

y te secas sin labios

y te duermes sin sueño

y te piensas sin sangre

y te juzgas sin tiempo

y te quedas inmóvil

al borde del camino

y te salvas

entonces

no te quedes conmigo.

Y en cada verso me recordé salvándome, paralizada en una entrevista cuando trabajé de reportera, guardándome el entusiasmo por andar concentrada en el mañana, con el amor dosificado como si fueran tiempos de guerra y el empeño y la energía en su mínima expresión. Me recordé segura (o al menos creyéndome así) en una habitación de dos por dos, en una casa de dos por dos, en una ciudad de dos por dos. Con el velo en los ojos que mantiene a salvo las creencias y las ganas insatisfechas de subirme a un crucero, de pararme en el yoga de cabeza o de irme a Tijuana a estudiar diseño a los dieciocho. Me recordé así… sin sueño, sin sangre y sin tiempo.

Y me vi también cruzando el Golden Gate en bicicleta y con las piernas destrozadas del dolor nocturno, abriéndole la puerta al mundo a Emma y sacrificando el sueño durante los próximos años, viajando sola a San Miguel de Allende y con la angustiosa sorpresa de no tener un lugar donde dormir esa noche. Y en el dolor, en el sacrificio y en la angustia me vi sumergida y luego libre y victoriosa. Porque el poeta tiene razón cuando dice que los juicios pesan y que en el borde del camino no nos quedamos con nada.

Tanto que he luchado en mi vida para no salvarme porque sé que tiendo a ello, vengo ahora a caer en la cuenta de que siempre hay instantes en la vida, aunque sea uno o sean miles, en que algo nos empuja a dar el salto, estemos conscientes de ello o no. Todos tenemos una temperatura diferente en la que congelamos el júbilo y en el alma de cada uno toca ver el termómetro. De cualquier forma, ayuda recordar y honrar todos esos segundos en nuestra ruta en que logramos reconocer que realmente no necesitamos de tanto amparo. Ésos nos inspirarán cuando estemos frente al próximo camino que se bifurque.

Dedico estas bolsas a Ivette, Laura y Eva, quienes dejaron su tierra natal para venirse a Baja California a hacer vino y a vivir de lo que les apasiona en su casa vinícola, Tres Mujeres, que conocimos hace unos días en el Valle de Guadalupe. Y por supuesto también a mi mana del alma, Sisy, quien, igual que las tres mujeres, me recuerda que lo que se ama no puede ni debe esconderse… o salvarse.

FOTOS: David Josué / MODELO: Sisy Garza / LOCACIÓN: Viñedo Tres Mujeres y Muelle de Ensenada, B.C.

 

 

BOLSA VERO (VENDIDA)

 

BOLSA SISY (VENDIDA) 

 

BOLSA IVETTE (VENDIDA) 

 

BOLSA LAURA (VENDIDA)

 

BOLSA EVA (VENDIDA)