BOLSAS REUSABLES PARA LA COMPRA

Hace un par de semanas, en el evento ReFashion en Monterrey, platiqué con Karla de Viviendo Cero sobre el movimiento “cero residuos”, sustentabilidad y medio ambiente. Al final, me dijo una frase que nunca jamás en la vida voy a olvidar que ella contesta cada vez que le comentan que cambiar de hábitos para cuidar el planeta representa mucho sacrificio. “Cuando amas a alguien eres capaz de hacer cualquier sacrificio por esa persona. Pues yo amo a la Tierra y si estamos aquí es gracias a ella, así que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para regresarle algo de lo que ella me da”. Mi piel se vuelve a enchinar cada vez que recuerdo sus palabras. 

El camino minimalista que emprendí hace un par de años ha sido lento pero con pasos firmes, y la investigación en este movimiento me ha llevado a conocer datos que hace tiempo no tenía en mi conciencia sobre el daño que estamos haciendo a nuestro planeta con nuestros excesos, entre ellos los productos desechables. Claro que desde pequeños nos han dicho que hay que cuidar el agua, apagar las luces y tirar la basura en su lugar, pero en este momento de la historia no basta con eso sino que además hay que tomar conciencia de lo que estamos tirando y de que todo eso no desaparece mágicamente simplemente cuando dejamos de verlo en nuestro basurero, sino que va a parar en algún lugar de la tierra o el océano. 

Los datos alarmantes sobre el calentamiento global o la extinción de ciertas especies están a la distancia de un simple clic en google, así que no es mi intención reproducirlas aquí. De lo que sí me gustaría hablar es del problema de fondo: el egocentrismo exacerbado que nos hace anteponer nuestro bien individual sobre el bien común. A mí no me gusta lavar trastes, así que uso desechables aunque los mares no puedan soportar más tenedores de plástico en sus aguas. Y como ése, un millón de ejemplos más.  

Uno de los pilares de la permacultura es la repartición justa de los recursos. En un medio ambiente equilibrado, cada uno toma lo que necesita para vivir y permite que los demás hagan lo mismo. Y que haya zonas del planeta donde los habitantes tienen derecho a una cubeta de agua diaria o a veces ni siquiera eso y otras donde la gente sigue tomándose media hora para bañarse, nos habla de un mundo que está de cabeza. 

Creo que lo más urgente es que nos demos cuenta de que cada uno, en lo personal, podemos hacer mucho. Quizá nos desanimamos (me ha pasado) porque creemos que nuestras acciones son tan pequeñas que no vamos a impactar de forma importante en la solución, la cual incluso solemos poner en manos del gobierno o de las grandes corporaciones. Te invito a que busques en YouTube el término “Zero Waste” y te abras a un mundo de posibilidades con las que puedes hoy mismo empezar a generar menos basura en tu casa. Todas las acciones son importantes, por mínimas que parezcan. 

Comprar a granel, hacer tu propia pasta de dientes, usar champú sólido, compostar, salir de casa con tu termo de agua, cambiar el papel por la tela, darle una oportunidad a la copa menstrual, etcétera, son algunas ideas. Sin embargo, la que yo considero que es la reina de todas ellas porque es la más rápida y sencilla de implementar y además el impacto es brutal en el medio ambiente, es decirle adiós a las bolsas de plástico. A veces ni siquiera somos conscientes de la cantidad de bolsas de plástico que aceptamos de los establecimientos en un solo día, incluso sin ser necesarias en lo absoluto. El otro día fui a la farmacia a comprar un jarabe para la tos y me dieron una bolsa de plástico minúscula para guardarla, cuando pude perfectamente ponerla en mi bolsa de mano. En otra ocasión, una cajera en el supermercado me pidió que la próxima vez usara las bolsas de plástico para las frutas y verduras porque así sueltas era más difícil y más lento el proceso de pesarlas y cobrarlas. 

Y está bien. La cultura de la bolsa de plástico es algo tan arraigado que nos tomará tiempo revertirlo. Es como el cigarro, que hace algunos años algunos anuncios publicitarios lo pintaban incluso como saludable y hoy por hoy es cada día más raro ver a gente a tu alrededor fumando. Así estoy segura de que en el futuro la imagen de una persona usando una bolsa de plástico será cada vez más extraña. Mis pasos en el mundo del zero waste y una vida sustentable son de recién nacido, pero llevar mis bolsas reusables al mandado es mi primer paso firme para empezar a regresarle algo a mi primera Madre.  

Para darle ese cariño a la Tierra hay que empezar a sembrar hoy. Y en este cuento, todos somos agricultores. 

PARA CONOCER TODOS LOS DETALLES DE ESTAS BOLSAS DE TELA REUSABLES PARA LA COMPRA Y ESCOGER LAS TUYAS, TE INVITO A LA TIENDA EN LÍNEA

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