Bolsas My Pumpkin para mat de yoga (y un viaje llamado "meditación")

Bolsas My Pumpkin para mat de yoga (y un viaje llamado "meditación")
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Una vez escuché que aquello de lo que más hablamos es lo que nosotros mismos necesitamos más escuchar. En mi caso, debo confesar que todo aquello de lo que escribo tiene que ver con la forma en que me gusta pensar y vivir y que, aunque en ocasiones no lo practique, es como una especie de brújula con la que intento guiarme por la vida. Un ejemplo es la meditación. No voy a decir que medito todos los días porque no es así, pero sí procuro hacerlo lo más que puedo porque es algo de lo que estoy convencida, aunque a veces la rutina o la desidia sean más fuertes que mi voluntad.

La cantidad de libros, gurús, clases, videos, artículos, maestros y revistas que hablan sobre lo que es la meditación es infinita y mi intención con este texto no es ofrecer una definición más porque no soy ninguna experta. Lo que sí me gustaría, si acaso puedo conseguirlo, es desmitificarla y despojarla de cualquier rastro de misterio o esoterismo que la envuelve y que hace que se nos antoje inalcanzable para los simples mortales como uno. Pensar en meditar no tiene por qué causarnos incertidumbre ni ansiedad por el hecho de que consideramos que no logramos hacerlo de la forma correcta. Meditar es un acto de rendición.

Cuando medito me despojo de todo juicio… dejo de juzgar lo que veo, lo que pienso y, sobre todo y lo más importante, dejo de juzgarme a mí. Juzgarme porque no lo estoy haciendo bien, porque no puedo poner mi “mente en blanco”, porque estoy mal sentada o porque tengo prisa por concluir con la sesión. El único objetivo de la meditación es estar aquí, conscientes del regalo que tenemos en el presente, por al menos cinco minutos al día. El objetivo no es poner la mente en blanco, no es iluminarnos, no es elevarnos al cielo, no es convertirnos en sabios. La meditación es una herramienta para despojarnos aunque sea unos minutos de nuestro ego y vivir el aquí y el ahora, y es por eso que digo que se trata de un acto de rendición.

Hay un sinfín de formas y técnicas para meditar, pero la que yo he encontrado más sencilla y por lo mismo más efectiva para mi neciesísimo ego, es la siguiente: Me siento en la forma más cómoda que encuentro, que casi siempre es en un sillón con la espalda recargada y las manos sobre mis muslos, o bien sobre un cojín o un mat de yoga en el piso con las piernas cruzadas. Cierro los ojos e inhalo profundamente, haciéndome consciente de la forma en que mis pulmones se llenan de aire… sostengo la respiración por un par de segundos y luego exhalo de la misma manera, concentrándome en el movimiento de mi vientre y en mis pulmones vaciándose. Y repito lo mismo, una y otra vez. Inhalo con calma y exhalo con la misma actitud, poniendo atención solamente en este acto tan primitivo y a la vez tan vital y tan simbólico, porque es con una inhalación que arribamos a este mundo y es con una exhalación con lo que nos despedimos.

¿Que llegan ochenta mil pensamientos por segundo a mi mente? Por supuesto que llegarán, pero cada uno de ellos no es un obstáculo que me provoque estrés o ansiedad, sino una oportunidad para tratarme con cariño, comprender que soy humana y que mi mente a veces está desordenada, soltar dicho pensamiento y volver mi atención a la respiración, como al principio. Así que si llegan ochenta mil pensamientos de lo que tengo que hacer en el día, de la incomodidad que siento en las piernas, de lo que me dijo la vecina, de la mala noticia que vi en la tele, etcétera, entonces tendré ochenta mil oportunidades para practicar el no-juicio y tratarme con amor y compasión. O sea, que entre más pensamientos “intrusos”, más enriquecedora será mi meditación.

Y de eso se trata, no más, inhalar y exhalar de forma consciente por cinco, diez, veinte o treinta minutos al día… el tiempo que tú decidas. Para ayudarte con la concentración, es bueno repetir en tu mente la palabra “inhalo” con cada inhalación y “exhalo” con cada exhalación. También sirve imaginar con cada inhalación cómo recibes en tu cuerpo todas esas cosas buenas que deseas para tu vida y cómo sueltas con cada exhalación todo aquello que ya no te funciona para seguir avanzando. El chiste es estar enfocado en algo que esté ocurriendo en este presente que nunca jamás volverá a repetirse: puede ser que fijes tu vista en la flama de una vela encendida, o que pongas una música que te haga sentir bien o incluso puedes aprovechar para concentrarte en visualizar algún deseo intenso que tengas y que quieres que se materialice en tu vida.

Meditar no tiene por qué ser una práctica metódica o tan sagrada como para que tengas que esperar el momento, el lugar y el tiempo ideales para cerrar tus ojos y concentrarte en el presente. Yo acostumbro meditar justo cuando me levanto por las mañanas, porque es el momento del día en el que tu mente no está tan acelerada, pero si no lo consigo me basta con recordarme a mí misma el inhalar y exhalar a conciencia cuando me baño, en la fila del banco o al viajar en carretera, que en este lado del mundo uno hace muy seguido. ¿Y de qué me sirve? Puedo mencionar varios beneficios (de los que yo misma he sido testigo) como una actitud más serena, mejoría en la salud, disminución del estrés y ansiedad, sensación de paz, aumento de serotonina en el cuerpo que se refleja en un mejor humor, incremento de la creatividad y la intuición, claridad mental…

Pero si quisiera resumirlo en pocas palabras, creo que la meditación es un regalo que nos debemos a nosotros mismos. Es un recordar por qué y para qué estamos aquí. Tenemos millones de cosas que hacer, la mayoría de ellas nos las hemos inventado y otras sí son cuestiones vitales como preparar nuestra comida o ir al baño, y tenemos también millones de recuerdos y millones de planes para el futuro. A todo esto es a lo que le llamamos vida, pero todo, absolutamente todo, es perecedero. Lo único real y a donde podemos acudir para encontrar algo de paz es a ese contacto con el interior, con nuestro espíritu, con lo que realmente somos. Y la meditación es un buen vehículo para emprender ese viaje obligatorio.

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BOLSA MY PUMPKIN PARA MAT DE YOGA

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BOLSITA EXTERIOR 

ASA LARGA PARA COLGARLA AL HOMBRO 

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BOLSA FLORES ROSAS (UNA VENDIDA Y UNA DISPONIBLE) 

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BOLSA FLORES ROJAS (VENDIDAS) 

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BOLSA ROJA (VENDIDAS) 

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BOLSA CUADROS ROSAS (VENDIDAS) 

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BOLSA FLORES GRANDES (VENDIDA) 

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