Bolsas playeras "Mar" [¡sí! también vienen dos =)] (DISPONIBLE: Bolsa grande)

_DJ19875 Nunca había sido muy fanática del mar. Y digo "había" porque ahora empiezo a serlo. Con un solo dato les suelto toda la sopa: no me animo a subirme a un crucero. Siempre le he tenido al océano un respeto que ya la mera verdad raya en la incoherencia. Me acuerdo que de chica íbamos a San Felipe, una playa al sur de Mexicali, y con singular alegría me mojaba los pies a la orilla del mar. Nunca más allá de este límite. Mi incursión más valerosa fue quizá alguna vez de puberta en la socorrida "banana", experiencia que más que darme valor, me quitó el poquito que tenía después de la primera caída y arrastrada por las olas. En un par de ocasiones me subí a un catamarán o a un ferry para cruzar a otra orilla. Y listo. En esta extensísima lista está contenida toda mi experiencia marítima.

Pero ahora vivo tan cerca del mar que no me queda de otra que verlo de una forma distinta. El mar y yo hemos hecho las paces, aunque siga sin pasar de la orilla. Mucho (muchísimo) ha tenido que ver que me casé con un pez y que tuve a un pececillo por hija. Ahora siento el impulso de ir a la playa nomás a caminar o a sentarme a contemplar la inmensidad y a sentirme un grano más de esa arena vastísima. ¿Será eso lo que realmente te relaja cuando vas al mar? Recordar que ninguno de tus problemas puede ser más grande que ese manto de agua infinito. Y que, si lo piensas bien, no eres en este mundo más que un granito de arena formando parte de la unidad en la maravillosa postal de la ribera.

En el mar está la frontera entre el refugio y la vulnerabilidad. En tierra firme está la certidumbre que nos da tocar el piso con los pies; pero si quieres ir más allá de la orilla, tienes que dejar en la playa lo conocido. Para adentrarse al océano hay que aprender a fluir con el agua y con el viento, hay que confiar en la sabiduría de la naturaleza, hay que dejarse llevar por el vaivén de las olas y hay que dejar atrás todos los temores. En el mar no hay cabida para el control, en el mar hay que soltar todos los prejuicios y expectativas. Quizá sea por eso que los amantes del buceo, el surf, remo, natación o cualquier otro deporte acuático me parecen las almas más libres sobre la Tierra. Porque para ellos esa frontera se desdibuja y se acompañan de esa libertad lo mismo del lado azul como del lado sólido.

Mar de espuma blanca, de aguas frías y arena parda, me invitaste desde lejos a volver a tu casa. Mi Océano Pacífico, sereno y obediente, me enseñas a pacificarme. Gracias mar por hablarme con el idioma de tus gaviotas, tu oleaje y tu brisa. Gracias por ser el guardián del Yogurt Place, el paraíso a donde mi mamá me llevaba de chica después de su consulta en el hospital de Playas de Tijuana, donde ahora sí me desayuné aquellos hot cakes de nueces y semillas con una nieve de yogurt de frambuesa que me pareció caída del cielo. Gracias por haber traído a mi puerto a un David Josué, pez y fotógrafo, para alegrarme todos los días la existencia.

 

BOLSAS "MAR"

Bolsas ligeras, ideales para llevar a la playa

Exterior y forro de loneta

Bolsa grande: (DISPONIBLE)

13.5 pulgadas de ancho por 15.5 pulgadas de alto

13.5 pulgadas de profundidad

$550 pesos + $140 pesos de envío en la República Mexicana

Bolsa chica: (VENDIDA)

16 pulgadas de ancho por 13.5 pulgadas de alto

5 pulgadas de profundidad

$450 pesos + $140 pesos de envío en la República Mexicana

 

BOLSA GRANDE:

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BOLSA CHICA: 

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Y EN EL DETRÁS DE CÁMARAS, DESAYUNANDO EN EL YOGURT PLACE DE PLAYAS DE TIJUANA ;)

 

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