mypumpkin_messenger_chica8 Ayer tuve un encuentro cara a cara con la ira. No digo que nunca me enoje, pero así como me enojé ayer me ocurre pocas veces, quizá porque pocas veces me lo permito. Estamos educados para avergonzarnos de nuestra ira, para meterla en lo más profundo del alma y taponearla con lo que nos encontremos a la mano. Con una ida al gimnasio, con una nieve de chocolate o con una película en la tele. Estamos condicionados a creer que la ira es mala y a ver con malos ojos a quien se le ocurra mostrarla.  

En lo personal, soy firme creyente de que ninguna emoción es buena ni mala porque todas sin excepción nos sirven para algo. Quizá lo "positivo" o "negativo" podría ser la forma en la que utilizamos o canalizamos esa emoción. Si la tristeza me sirve para buscar compañía, ¡bienvenida sea la tristeza! Si la culpa me sirve para desvalorizarme… gracias culpa, pero vete por donde viniste. Si el coraje me sirve para luchar por lo que quiero, bendito y alabado sea el coraje. Las emociones no están aquí para destruirnos, están para llevarnos de la mano a ese lugar donde seguramente estaremos mejor. Lo único que tenemos que hacer es escuchar su consejo. Escuchar qué es eso a lo que nos está invitando.

Una buena técnica para canalizar una emoción que consideramos que nos está haciendo daño (y para descifrar su mensaje) es escribir. Tomar una hoja de papel y una pluma justo en el momento en que nos empieza a hervir la sangre y sentarnos en algún lugar tranquilo a escribir todo lo que se nos venga en ese momento a la cabeza. TO-DO. Escribir a mano, sin borrador, sin pausas, sin tachones, sin edición, sin "delete". Si nos dejamos llevar por la pluma y le damos chanza a nuestros pensamientos de que fluyan a través de nuestro brazo, salgan por nuestra mano y se impriman finalmente en el papel, podemos llevarnos más de una sorpresa. Como me sorprendí yo ayer.

Hay algo en ese simple acto de escribir que nos permite acceder a esos rincones oscuros del inconsciente. Que nos convierte en ese héroe que rescata la llave y abre el cofre de todo aquello que creímos nunca podría escaparse porque se trata de lo que nunca más quisimos volver a saber. Que descorre el velo de nuestros ojos y nos permite hacernos conscientes. A esa sombra donde atesoramos eso que nos avergüenza de nosotros mismos, y que curiosamente es casi siempre lo que nos molesta ver en el otro, es a donde una inocente pluma puede llevarnos. A veces tendremos ganas de ir y otras no tanto… pero estoy segura de que siempre nos llega un momento en que el viaje deja de ser una opción y se vuelve algo imperativo.

En ese papel yo encontré ayer cosas que no sabía, o quizá que no recordaba, porque por lo general son cosas que duelen y que siempre preferimos guardar. Y el descubrimiento puede doler también al principio, pero es impresionante cómo ese dolor se trasmuta después en un poder sanador. Eso que hemos descubierto tan dentro de nosotros a través de lo que escribimos nos ha permitido llevar luz a donde antes había oscuridad. Y eso al final de cuentas no puede más que dar paz.

A mí me la dio encontrar el origen de mi enojo, que muy pocas veces está en la razón que creemos. La ira muy pocas viene de esa persona que se me atravesó en la fila, o del gobernante que no hizo bien su trabajo, o de mi hijo que llegó borracho. La causa siempre está en un lugar más profundo. Ahí donde guardamos lo que no queremos ver, pero que si nos atrevemos tendríamos la oportunidad de ser más libres.

 

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Y MIS AMIGAS TIL Y ALEJANDRINA CON SUS BOLSITAS "LUZ" =)

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