Bolsas Amelia
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Recién llegado del océano del alma, el sueño estira los brazos como para sacudirse el sopor y se instala en la cómoda sala de espera de la conciencia. Se da cuenta que entró en buen momento porque Amelia va al volante en la carretera y no hay distracciones más que su música favorita de fondo y los árboles esmeralda que enmarcan las grises curvas de pavimento desgastado. Sonríe. Entonces sonríe él también, porque sabe que la sonrisa se debe a su arribo sin previo anuncio e imagina lo bien que se llevarán juntos. 

El sueño crece, se acomoda a sus anchas en el sillón de piel color ladrillo y pide una margarita. Amelia se siente inundada por la dicha que da esa sensación de certeza de que el futuro anhelado ya está a la vuelta de la esquina. Le brillan los ojos, le corre más rápido la sangre y se siente dueña del mundo. El sueño se hincha y se ilumina. Su luz se abre paso por cada una de las arterias del cuerpo que ahora habita, toma fuerza y alumbra los rincones, toca cada fibra, enciende cada poro.

Entonces Amelia crece junto con él. Se sabe poderosa. Le viene bien el bálsamo después de tanto tiempo que ha pasado desde la última vez que se sintió diosa como ahora. En su cabeza da inicio la película de lo que hará a partir de ahora, en cuanto llegue a su casa, para honrar al invitado que la llevó hasta este grado de lucidez. Porque ahora ve al mundo envuelto de posibilidad y ya no le queda espacio para el recelo. El sueño echa sus raíces y Amelia confía. Está segura de que no hay nada que pueda detenerla, porque nada le parece ya inverosímil.

En este baile placentero se abrazan anfitriona y huésped cuando aquella debe pisar instintivamente el freno del auto ante la curva pronunciada que no se esperaba en el camino y que la expulsa sorpresivamente del nirvana. El corazón de Amelia late más fuerte y el sueño voltea la cara y ve que ahora alguien lo acompaña en la misma sala. Quiere gritarle a Amelia que no le dé la bienvenida al recién llegado, que lo escuche a él y que no apague la luz, pero ella termina por cerrar ojos y oídos y finalmente cambiar de estación.

El sueño se escurre en el asiento y antes de morir por completo toma sus maletas y se sube al primer vagón del tren de regreso, esperando a que Amelia se decida desterrar al miedo para poder volver a bailar.

BOLSAS AMELIA 

100% algodón acolchado

12 pulgadas de ancho por 10 pulgadas de alto

ziper exterior

dos bolsas exteriores

una bolsa interior

$1,500 pesos + $140 pesos de envío en la República Mexicana

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AMELIA TURQUESA (VENDIDA):

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AMELIA NARANJA (VENDIDA):

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AMELIA ROSA (VENDIDA): 

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AMELIA LILA (VENDIDA):

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AMELIA BURGUNDY (VENDIDA):

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AMELIA CELESTE (VENDIDA):

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AMELIA AZUL (VENDIDA):

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AMELIA VERDE (VENDIDA):

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