Bolsas acolchadas "Carrie"... vienen dos =) (VENDIDAS)

_DJ19833 Salvo cuando estoy en un taller o workshop donde hay más mujeres sentadas frente a una máquina de coser, me llama la atención que me haya apasionado de una actividad tan solitaria. Puedo pasar horas en soledad (y disfrutarlo) si estoy haciendo algo que me gusta, como coser, leer un buen libro o navegar en internet, pero definitivamente soy un animal gregario. A mí me dicen grupo y salto de gusto. Hay algo en el género femenino que hace su acto de aparición sólo en el clan. No estoy segura con qué palabra referirme a ese algo, pero podría describirlo como una energía que nos unifica, una fuerza escondida que recubre al cordón umbilical con el que nos alimentamos mutuamente, una conciencia que nos recuerda que no estamos solas.

Las mujeres somos espejos. La magia de la que hablo se refleja cuando hay dos o más mujeres juntas. Una se ve en la otra y, aunque no sepamos qué es exactamente, nos hace sentir en casa. En la otra puedo ver mis temores, mis pasiones, mis alegrías, mis preocupaciones, mis fortalezas, mis confianzas y desconfianzas. Creo que es por eso que no hay mujer sin tribu. No hay Carrie Bradshaw sin Samantha, Charlotte y Miranda. No hay Teresa de Calcuta sin Misioneras de la Caridad. No hay Úrsula Iguarán sin las mujeres de Macondo.

A lo largo de mi vida he tenido la suerte de contar con familias de mujeres que no son de mi sangre pero que sí puedo considerar como hermanas. No estoy muy de acuerdo con esa idea de que uno no escoge a sus familiares pero sí a sus amistades. Me gusta más pensar que a los amigos tampoco se les escoge, al menos no siento que haya sido mi caso. La vida pone en tu camino a gente con la que de plano no resuenas y a gente con quien sólo bastan dos minutos de conversación para sentirte invadido por la sensación de que conoces a esa persona de toda la vida. ¿Almas que caminaron juntas en otra vida? Quizá. Honestamente sí me gusta la idea de la reencarnación, quizá por lo romántica que suena. En fin, seres reencarnados o no, lo cierto es que de las cosas que más valoro en los 35 años que tengo de vivir es cuando en la ruta encuentro a esas mujeres-espejo.

En esos clanes femeninos a los que el destino me ha dado chance de pertenecer me he reconocido como lo que realmente soy. Con una, dos o más de ellas me he confesado, abrazado, carcajeado o encabronado. En uno de ellos aprendí a andar en bici y a jugar fut-beis, en otro me enseñaron a transitar por el oscuro túnel entre la infancia y la adolescencia y en otro me convertí en madre. A través de los lazos con una o más mujeres encontré la pasión por la costura, la lectura, la cocina y la escritura; descubrí mis tristezas, culpas y heridas más enterradas; entendí que no era tan mala madre o mala esposa como creía, acepté mis defectos y mis virtudes, me di cuenta de que todas somos y buscamos lo mismo, aprendí a quererme así como soy, solté viejas y obsoletas resistencias como la de no poder pedir (y recibir) ayuda. En uno de esos hombros lloré y a una de ellas consolé. Con muchas compartí un pastel con café, a varias les hablé para platicarles algo que me hizo brincar de gusto, de algunas me despedí. Pero lo que más me hace sonreír, además de estos y muchos otros recuerdos, es que con todas me hermané.

De la estampa de cinco mujeres reunidas en la sala de una casa para tejer, cocinar, cuidar a los hijos, desayunar, tomar té, discutir un libro, planear un viaje, contarse sus problemas, orar, compartir consejos, llorar con la tristeza de una de ellas, saltar con el gozo de otra o simplemente estar juntas y arrebatarse las palabras porque no hay tiempo para el silencio cuando hay que ponerse al corriente del cúmulo de odiseas que ocurrieron en sus vidas desde ayer que no se ven, me quedo con esa energía, fuerza o conciencia a la que creo que llamaré empatía.

Es cierto que cuando coso estoy sola físicamente, pero si lo pienso mejor, el hilo es el mismo que han usado y que me vincula con todas esas mujeres que han unido dos o más retazos de tela para guardar sus objetos valiosos, vestir a un marido, calentar a un hijo, hacer un regalo, mantener a una familia o disfrazar a un sobrino. Y ese vínculo es también de las cosas que más me gustan de lo que hago.

 

*Gracias como siempre a mi amorcín David Josué por las fotografías, en esta ocasión en exterior, a 10 grados centígrados y una llovizna fresquecita.

 

BOLSAS ACOLCHADAS "CARRIE"

100% algodón acolchado

15 pulgadas de ancho por 12.5 pulgadas de alto

5 pulgadas de profundidad

una bolsa interior dividida en dos

correas de polipropileno

 

"CARRIE" CAFÉ CON VERDE: 

 

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"CARRIE" ROSA CON AZUL:

 

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