Bolsa "That '70s bag" (VENDIDA)

Corría el 1976. Disciplinada como era, Lupita ya tenía varios meses con la temperatura basal tomada, la bitácora ordenada y la esperanza intacta. Su hija venía en camino, ya sólo era cuestión de encargarla. "A ver, ¿cómo era la cosa comadre?", le preguntó la vecina una tarde de septiembre, cuando al otoño le quedaban pocos días de camino para tocar las puertas mexicalenses.

"Acuérdate que los espermatozoides Y, los que dan el sexo masculino al bebé, llegan muy rápido al óvulo pero se mueren en 24 horas. Y los X, que dan el sexo femenino, se tardan más en llegar a la meta pero duran el doble de tiempo que los Y. Entonces el secreto está en tener relaciones un día antes de tu día fértil, porque así das chanza a que sean más X los que lleguen al óvulo el mero día".

Y así lo hizo Lupita, obstinada como era. Algún doctor le había pasado el consejo y para ella, que ya tenía un varón y quería una hija a como diera lugar, la sugerencia rayaba casi casi en la profecía. Así confió Lupita, optimista como era. Y esa ventana encontró la niña para comprar su boleto al mundo, con sus maletas listas desde su vida pasada.

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"Todo se ve muy bien señora. Dados sus antecedentes, yo creo que podríamos programar su cesárea para julio", le dijo el doctor a Lupita en una de las citas de rutina a la mitad del embarazo.

"Se equivoca doctor. Mi hija nacerá en junio, a mediados", le respondió ella.

"¿Su hija? ¿Y cómo sabe que será niña? ¿Y qué nacerá en junio?", se burló el médico.

"¿Quién va a saber más? ¿Usted que me revisó o yo que la concebí?", contestó Lupita, atrevida como era. "Mi bebé es una niña y nacerá en junio… hágale como quiera".

"Señora, no podemos programar una cesárea cuando usted diga", espetó él, del Seguro Social como era.

Pero si de terquedad se trataba, Guadalupe Cuenca Ruiz, como en otros muchos ámbitos, era también la reina. Así que después de un consenso entre doctores de la institución, se acordó que la fecha de la cirugía quedaría abierta hasta que los dolores de parto hicieran su aparición.

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El sol bañaba ya el asfalto en esta ciudad donde el verano tiene otro nombre, donde el calorón no brinda tregua ni en las horas nocturnas, donde todo hierve desde las cinco de la mañana, donde la gente vive sólo porque su carácter y Dios son muy grandes. La chiquillería gritaba ya en las albercas porque el verano los había rescatado de las escuelas, los campos algodoneros tapizaban de blanco al Valle listo para la cosecha, los restaurantes chinos se atiborraban cada vez más con el pretexto del Día del Padre y del aire acondicionado aunque fuera por un par de horas. Era el 17 de junio de 1977 y Lupita tomó su maleta y a su marido para irse al Seguro Social.

"Bienvenida señora Corral", le sonrió el ginecólogo.

"Acuérdese doctor, es niña… y se llamará Marcela Guadalupe", sonrió ella de vuelta, amorosa como era.

 

SUBASTA CERRADA. BOLSA VENDIDA A WENDY ALDRETE.