No sé si el otoño se le coló al invierno o yo había estado muy distraída, pero el martes en la mañana que fui a caminar me topé con la imagen más otoñal de esta temporada. Así como el doctor me la recetó: cielo nublado, doce grados centígrados, vientecillo acariciador, árboles pelones y pasto tapizado de hojas “marronas”, como dice mi hija. Nunca he sido fan del ejercicio ni de la tecnología, pero cuando camino en un parque armada de un ipod retacado de música enchinadora de piel, pareciera que el mundo se sacude las telarañas que nuestra mente le adjudica y se mostrara tal cual es: perfecto. Una vez escuché la frase: “No vemos las cosas como son, las vemos como somos”… y si esto es cierto, entonces la música me convierte en alguien más, alguien que ve distinto. Buen combo éste de la caminata y la música para componer los ánimos descompuestos, como una vez dijo Cervantes.

Regina Spektor me acompañó en este viaje animoso, y sólo porque sus canciones me abrazan el alma, decidí bautizar esta bolsa con su nombre, porque cuando la terminé sentí algo parecido a lo que me provocan sus letras. Es un poco más grande que las que normalmente hago, color azul marino con detalles de varios tonos, fondo naranja y broche magnético. ¡Está esperando que alguien se la lleve!

BOLSA REGINA

15 pulgadas de alto, 16 pulgadas de ancho y 5 pulgadas de profundidad

correa de 38 pulgadas (acolchada en el hombro)

Loneta exterior y forro

broche magnético