A eso me recuerda esta bolsa. A un "piñi", como decía mi nena cuando, de las primeras palabras que empezaba a probar, ésta le gustó por lo que significaba. Y me recuerda también a ella, a mi Emma, quien entre muchas otras cosas, me ha enseñado a valorar la naturaleza. Ir a un picnic para ella, además de comer lo que le venga en gana, significa correr en el pasto, recoger piedras y hojas secas, cortar flores, ver hormigas... Y lo mejor es que no necesita un parque, una canasta y un mantel cuadriculado para irse de picnic. Los niños no necesitan un escenario particular para explorar y admirar, es cuando vamos creciendo que nos vamos poniendo condiciones. En mi picnic ideal la temperatura es de 20 grados centígrados y está un poco nublado. Está físicamente conmigo la gente que amo, hay un olor a tierra mojada del día de ayer, columpios de madera y limonada para tomar. Los mosquitos no existen en este picnic y todo mundo trajo algo para comer, de modo que podemos comer de todo. Hay música de Jack Johnson de fondo y tantos árboles que puedes echarte en el pasto y al ver el cielo el color predominante será el verde. Puedo ponerme más exigente todavía y llevar a mi picnic todos los libros que he postergado, y luego detener el tiempo para poder echármelos todos de una vez.

Cuántos requisitos para un solo momento. Y cuántos nos hemos echado al hombro que ya de tan viejos, los vemos como una necesidad. Vámonos de picnic sin canasta y mantel. Vámonos a la vida sin lo "necesario"... a ver con qué sorpresa nos encontramos.

BOLSA PICNIC

algodón acolchado

13 pulgadas de ancho por 14 pulgadas de alto

mango de madera y remaches plateados