Mi maestra de yoga me pidió la semana pasada que me parara de cabeza (postura Sirsasana) y lo intenté, pero le dije que no podía porque tenía miedo. Entonces ella me dijo algunas cosas que a mí me parecieron hirientes e injustas, y después, en la relajación final, no pude hacer otra cosa más que llorar. Luego del shock por sus palabras que yo sentí muy duras, empecé a preguntarme: "Ok, ¿a qué le tengo miedo?" Tengo dos meses haciendo yoga. Entré a una clase dos veces por semana con una maestra aquí en Tecate y estoy feliz, mi cuerpo se siente muuuy diferente. Además de la flexibilidad y la fuerza, la satisfacción de lograr posturas que antes parecían imposibles por el anquilosamiento de mis músculos es increíble. Es típico que todo mundo te hable de los beneficios de esta disciplina, pero no es hasta que la practicas que de verdad te cae el veinte de todo lo que puede hacer por ti. Pero Sirsasana, para mí sigue siendo el monstruo ante el cual me siento poco menos que una vulnerable hormiga.

Y ahí recostada en la clase, "relajándome", primero tratando de contener las lágrimas de coraje y de impotencia, y luego dándoles rienda suelta porque pues tampoco estamos como para andar aparentando, me pregunté a qué le tengo realmente miedo. Y me respondí, viendo de frente al monstruo otra vez, y entonces agradecí a la maestra el que me haya llevado de la mano hasta ese lugar, donde el esperpento dormía. El engendro tiene varios tentáculos, algunos de ellos ya más cortos y otros ya han desaparecido, pero los que quedan todavía son los que a veces me atan las manos.

Esto me sirvió para ver los miedos que todavía están ahí, pero también para ver los que ya se han ido. Y uno de los que ya se fueron es dedicarme 100% a lo que me gusta. Tengo a un maestro en casa, David Josué, y aún así no podía concebir totalmente la idea de dedicarme sólo a coser y a escribir. Ahora estoy segura, y el monstruo empequeñece. Tenía miedo de mudarme de ciudad, del cambio de casa y de vida, y ahora, un día a la vez, voy perdiendo el temor, y entonces mengua el monstruo. Tenía miedo a la enfermedad, y hoy la veo como una mensajera de lo que ocurre en el alma. El monstruo se encoge. Todavía tengo miedo a muchas cosas, pero a los monstruos no se les alimenta, se les acaricia, se les domestica y se les deja ir poco a poco cuando no pueden más de inanición.

Ayer fue la primera clase de yoga en la que hice todo prácticamente sin perder balance, y eso me llenó de coraje para enfrentar a Sirsasana, sólo que esta vez (curiosidades de la vida) la maestra no nos pidió esta postura. Bueno, será para la próxima.

Después de todo, qué bueno que perdí el miedo a dedicarme a esto, porque de lo contrario no hubiera nacido esta bolsa que, está mal que yo lo diga, pero la neta no puede más de lo "Linda" que está.

BOLSA "LINDA"

Algodón acolchado

18 pulgadas de ancho por 15 pulgadas de alto

5 pulgadas de profundidad

Correas de 31 pulgadas

Tres bolsas exteriores y seis bolsas interiores