Hace un par de años estudié un curso titulado "Higiene mental" con el maestro Juan Carlos Bedoya, en Monterrey. En aquel entonces, mi hermano mayor me preguntó: "¿O sea que así de cochambrosa tienes la mente como para tener que tomar un curso pa' que te la limpien?". Evidentemente me dio mucha risa, pero luego de un rato caí en cuenta que aunque parezca broma así es, todos tenemos la mente invadida con el cochambre de los prejuicios, culpas, temores, ideas negativas, rencores y un largo etcétera, que una buena limpieza profunda no nos caería nada mal. Aquel curso duró cuatro meses, pero creo que la higiene mental es una chamba de toda la vida, de estar constantemente indagando qué es lo que la ensucia, qué pensamiento se cuela en ella para dejarla cochambrosa otra vez. Algo que jamás olvidaré de lo que Juan Carlos me enseñó es un concepto que yo nunca había escuchado: "capacidad de contentamiento", esa aptitud que todos tenemos para estar contentos con lo que nos rodea. Se trata de ese estado en el que estás agradecido por todo lo que tienes y no estás esperando que suceda algo o que poseas algo más para estar feliz. Esto no quiere decir que no puedas desear nada más, simplemente que mientras eso llega, estás satisfecho con lo que ya eres, tienes, sabes, haces. Suena sencillo, ¿verdad? Pero sin duda, en ocasiones sólo "suena" así y no lo es tanto a la hora de llevarlo a la práctica.

¿Por qué a veces nos cuesta tanto trabajo lograr esa capacidad de contentamiento? Quizá sea por el apego que tenemos a las expectativas, a que todo debe ser como yo creo que debe ser, porque así quiero que sea, porque así me han dicho toda la vida que debe ser, porque así es para mi vecino o porque no nos hacemos a la idea de que puede ser diferente. Ese afán por cambiar mi realidad es el que no me deja espacio para estar contenta con lo que YA es, que sin duda siempre es lo perfecto, a pesar de que no pueda ver la perfección en ese momento. Hay algo que en lo personal me ha servido para comprobar una y otra vez que lo que ocurre en tu vida es siempre lo perfecto: revalorarlo con los ojos nuevos que te da el tiempo. Si hubo un momento en tu vida en que pensaste que no había lo suficiente a la mano para estar contenta o que incluso sucedía algo que justificaba tu descontento, es muy probable que al recordarlo cinco años después, sin el juicio apresurado de la insatisfacción de aquellos días, consideres que no era para tanto.

¿Qué hago yo cuando se me escurre de las manos esa capacidad de contentamiento? Me acuerdo de que así como hoy veo con gozo experiencias que en el pasado no fueron gratas, ésta experiencia también la gozaré en su formato de recuerdo más adelante, así que… ¿para qué esperar? Si es verdad que allá afuera no hace ni buen ni mal tiempo, sino que es dentro de mí donde se generan días soleados, tormentas o granizadas, entonces escojo ver lo que me hace feliz, que siempre siempre está ahí. Y acto seguido no se puede más que agradecer por todo lo que somos capaces de disfrutar, y entonces la gratitud provoca el brote de nuevas experiencias, personas o cosas que me hacen sentirme contenta y agradecida, y el círculo virtuoso no tiene fin… hasta que nos apeguemos a una expectativa otra vez. Aunque tampoco es el fin del mundo, nos concentramos en regresar a la "zona" del optimismo y listo.

Ayuda mucho tener raites que nos regresen al círculo virtuoso cuando nos sentimos agotados de manejar. Les comparto los que a mí me regresan de forma casi casi instantánea: la música flamenca, meditar, las carcajadas de mi hija, visitar una librería, ver un episodio de Friends, tener una charla con David, ir al cine, ver el mar, tomar un café con una amiga. Ubica tus raites, y cuando notes que empiezas a perder el rumbo, aviéntale un chiflido a alguno de ellos para que te ayuden a recordar que todo está bien.

Y claro, crear algo con mis manos es otro de mis raites, por eso bauticé a esta bolsa "Joy", que por cierto tiene el tamaño ideal para echar hasta el molcajete y agarrar calle, ya sea para irse de viaje o simplemente a un día de campo.

 

BOLSA "JOY"

100% algodón

20 pulgadas de ancho por 14 pulgadas de alto

5 pulgadas de ancho

ziper

correas de microfibra y aros de metal

 

SUBASTA CERRADA. BOLSA VENDIDA A MARCE SOLÍS.

 

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