Le habían dicho que infancia era destino. Que calladita se veía más bonita. Que camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. Que no ir a misa en domingo era pecado mortal. Y creyó que se iba a morir por el pecado. Le habían dicho que después de una carrera había que conseguirse un marido, una casa, dos hijos y un perro. Le habían dicho que la luna no es de queso. Que si amaba a alguien lo dejara libre, y que si volvía era suyo, pero que si no, nunca lo había sido. Y creyó que en verdad ese alguien que volvió era de ella. Le dijeron que la cafeína quita el sueño, que andar descalza te ocasiona un resfrío, que comer mucho brócoli es bueno para el cáncer. Le decían que dos cabezas piensan mejor que una. Que había que tomar dos litros de agua al día. Que el cuerpo es una máquina perfecta. Que vale más una mentira piadosa que una verdad dolorosa. Y entonces creyó que el dolor venía de la verdad. Con todo lo que le habían dicho cargaba Elena en su costal. Ensanchaban la alforja tanto los sabios consejos como los gestos de sensatez, los índices elevados en señal de madurez y los tonos pausados como signo de prudencia. Ella encogía los hombros y agachaba un poco la nuca para no dejar caer la valiosísima carga… y por eso también mantenía la mirada hacia enfrente o en dirección al piso, no fuera a ser que si lanzaba una ojeada al cielo terminara por soltar el bulto.

Un día Elena se encontró con un espejo. En los surcos de su rostro encontró las sugerencias y en su nívea cabellera las desilusiones. El fardo ya era parte de su cuerpo: abrazado, atesorado, encarnado. Los dichos y buenas costumbres se apretujaban en el paquete y nunca dejaron rincón para los deseos, los sueños y las pasiones. Los cientos de ocasiones en que su camino se bifurcó, Elena siempre preguntó cuál era el siguiente paso. Y obedeció. Tan pesado era el lastre como para dejar salir la voz interior.

Ese día Elena le hizo caso a aquello de que no dejara para mañana lo que pudiera hacer hoy, enderezó su espalda, dobló la esquina y entonces... fue libre.

 

BOLSA ELENA

100% algodón

12 pulgadas de alto por 18 pulgadas de ancho

6 pulgadas de profundidad