_DJ37807 Hace unos días fui a comprarle ropa a Emma y fue la primera vez que la metí a un vestidor a que se midiera prácticamente todo porque está en una edad en la que ya no es tan fácil calcular su talla. Ya en algunas ocasiones en el pasado me había pedido que le comprara lo que a ella le gustaba y no lo que yo escogía, sobre todo en el ramo de los zapatos, que junto con las diademas siempre han sido su fascinación. Confieso que en algunas ocasiones cedía y en otras (como en los tenis de luces) la "motivaba" muy discretamente para que "escogiera" otra cosa. Pero ahora mi hija tiene ya casi seis años y la defensa de sus gustos muy bien arraigada.

Ese día en la tienda quise, como en otros años, convencerla para que escogiera otra cosa cuando me mostraba algo que a mí no me gustaba, pero ella (¡que bueno!) fue más fuerte que yo. Las madres venimos con un chip para escoger lo que es mejor para los hijos, incluso en el tema de la ropa, y los vestimos con nuestros gustos y los educamos con nuestros valores, pero muchas veces también con nuestros temores y nuestros complejos. En ese día de compras lo entendí y dejé que Emma escogiera algunas cosas que yo realmente no le hubiera comprado ni por error jajaja. Es cierto que dejé a un lado otras, como un vestido para boda lleno de olanes color lila, porque de plano pues no lo necesitaba (¡thank God!) jajaja, pero en su mayoría dejé que ella escogiera su guardarropa.

En fin, la experiencia me sirvió para darme cuenta del diamante que tenemos de niños en nuestro poder y que los años van recubriendo hasta dejarlo casi casi invisible: el diamante de nuestra pasión, de lo que más nos gusta, de lo que queremos realmente hacer. Un niño no se pregunta qué le gusta, no se cuestiona, no se limita ni se detiene a pensar si está bien o no, si la gente lo aprobará o no, si tal o cual actividad le traerá algo de provecho o no. Si le gusta, lo hace y punto. Somos los adultos quienes nos ocupamos de limitarlo, de "aconsejarlo" para que vaya por un camino que nos parece más adecuado. Y luego nos preguntamos, ya de mayores, por qué nuestro hijo no sabe lo que quiere o por qué, nosotros mismos, no encontramos eso que nos llene.

Me llama la atención que varias personas me han escrito para decirme que les gustaría encontrar una pasión pero que no saben por dónde empezar. Y yo me acuerdo que una vez me dijo David que leyó en algún lado que una buena pista para encontrar tu misión en la vida es recordar qué es lo que más te gustaba hacer de niño. Quizá sí sea una buena pista, sin embargo hay ocasiones en que los miedos acumulados en el equipaje de los años transcurridos nos impiden recordar eso que nos volaba los sesos en la infancia. En el mejor de los casos habrá alguien a nuestro alrededor que nos lo recuerde, pero si no, tendremos que hacer un esfuerzo para sacarlo del inconsciente o para sacudirnos las desconfianzas y abrir bien los ojos a lo que la vida nos pone enfrente todos los días y que muchas veces nos tardamos en notar.

Creo que muy en el fondo, siempre sabemos qué es lo que nos gusta y qué es lo que queremos, pero esa costra que recubre nuestro diamante suele ser bastante dura (o bastante necia). Los "No te conviene", "Eso no te va a dar de comer", "¿Qué van a pensar?", "No sé si tenga la habilidad", "No tienes el talento", "¿Y quién se va a encargar del negocio?", "Hay mucha competencia", "Eso es para mujeres (o para hombres)" y un sinfín de frases de este tipo que no esconden ninguna verdad sino los propios miedos y complejos de quien las dice, alimentan esta corteza que sólo con el cincel de la apertura y la confianza en uno mismo es posible empezar a resquebrajar.

La vida me va poniendo en el camino situaciones en las que debo tomar una decisión según lo que quiero para mí y todavía batallo mucho para dejar a un lado la razón y las creencias obsoletas y hacerle más caso a mi intuición, a quien tengo todavía bastante en pañales. ¿Cómo hacemos para enseñar a caminar al instinto? No tengo una respuesta definitiva pero, como en muchas otras cosas en este mundo, un buen comienzo es voltear a ver más a los niños. Ellos pueden guiarnos más de lo que creemos que podemos guiarlos nosotros. Y luego, podríamos hacer un ejercicio de honestidad con nosotros mismos e imaginar qué es lo que quisiéramos estar haciendo en este preciso momento si el dinero, las apariencias, las creencias, los miedos o la educación no fueran algo tan importante.

 

BOLSA "CINCEL"

16 pulgadas de ancho por 14 pulgadas de alto

4 pulgadas de profundidad

dos broches metálicos con imán para cerrar la bolsa

correa ajustable

dos bolsas frontales con velcro

una bolsa interior

$1,200 pesos + $140 pesos de envío en la República Mexicana

 

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