platos3 La uniformidad es cosa del pasado. Ok, aquí cabe aclarar algo. Mucho, si no es que todo lo que escribo, lo escribo para recordármelo, y si en el camino puedo tocar la fibra de alguno que otro lector, entonces el viaje es mucho más satisfactorio. Y mucho de lo que intento recordarme es porque hay algo que está pasando en mi interior que de alguna manera empieza a reflejarse en el exterior. Soy fiel creyente de que nuestro entorno es un espejo de lo que somos por dentro… y viceversa. Así que esta cuestión de la uniformidad, a la que por muchos años me ceñí (hablando desde los colores en mi clóset hasta mis creencias), en mi mundo empieza a quedarse obsoleta. 

Cada día soy más amante de los tonos vibrantes: como el naranja del azafrán, el amarillo del curry o el turquesa de la aurora boreal. Eso se nota desde hace mucho en los diseños de mis bolsas, mandiles o colchitas, pero en mi vida diaria tengo poco de haber dejado atrás los grises y terracotas y empezar a experimentar con colores más vivos en mi vestuario y en la decoración de mi casa.

Entonces un día, con esta idea rondándome en la cabeza algunos añitos atrás, entré por primera vez al paraíso en la Tierra. Ajá, al mismísimo Edén, la bomba atómica inspiracional a la que me escapo cada vez que tengo oportunidad sólo para darme un agasajo visual y salir reconfortada: la tienda de ropa y artículos para el hogar Anthropologie. Confieso que no me gusta mucho ir a las tiendas, tengo el gen shoppinguero bastante disminuido, pero cuando entro a ésta, alguien tiene que sacarme a rastras antes de que me acerque a una de sus amables anfitrionas con un “Hi dear Natasha, can I live here?”

Y como sospecho cuál será la respuesta, creo que lo mejor será tomar una que otra idea y traérmela a casa. Así que una de mis metas después de haber decidido anthropologear mi casa poco a poco ha sido renovar y salpicar con todos los colores posibles mi antigua vajilla que no puede más del aburrimiento por lo blanca que es. He comprado uno que otro plato o taza en el paraíso, pero otros los he conseguido en segundas, bazares o tiendas de decoración que tienen precios más accesibles: Home Goods y Pier 1 Imports son de mis favoritas. En Etsy puedes encontrar también cosas muy bellas para comprar en línea, muchas de ellas hechas a mano.

En estas fotos les muestro algunos de los nuevos integrantes de mi vajilla feliz. Algún día voy a tomar un curso de cerámica y diseñaré mis propios platos y tazas… ¿por qué no? Mientras tanto, continuaré en la búsqueda de otras linduras que le den color a mi mesa, o a mi sala o a mi recámara... ¿Me acompañan? =)

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Estos individuales los compré cuando fui a San Cristóbal de las Casas, en la tienda de Kiki, una mujer alemana que se enamoró de Chiapas y se quedó para plasmar en su arte lo que la ciudad le inspiraba. Puedes ver su maravilloso trabajo aquí.