altar1 Me tocó nacer, crecer y, después de un viaje de catorce años, regresar a vivir en la frontera que Carlos Fuentes bautizó de cristal, en donde nos "parqueamos" lo más cerca que podemos, pagamos con dólares y "coras" en el oxxo, congelamos las cosas en el "freezer", "mopeamos" el piso y nos vamos de "shopping" al otro lado. En este rincón del mapa las tradiciones se desdibujan en una mescolanza donde conviven dos culturas: la local y la gringa.

Así, en Navidad tomamos calientitos pero también eggnog y a los niños les traen regalos Santa Claus pero también los Reyes Magos. Vamos a misa en Pascua para celebrar la resurrección de Cristo pero en la tarde pintamos y escondemos los huevos de la coneja. Damos el grito de independencia en septiembre pero también nos repartimos corazones de chocolate en febrero, vemos por televisión los fuegos artificiales en julio y damos gracias con un pavo en la mesa en noviembre. Y en octubre, nos disfrazamos y sacamos a la chiquillería a pedir dulces de puerta en puerta, pero al día siguiente visitamos el panteón, llevamos flores de cempasúchil y un buen mariachi a nuestros muertos.

En este amasijo de costumbres me tocó nacer, crecer y vivir... y lo disfruto. Valoro mucho las tradiciones de mi México que amo, pero sin ningún empacho me acomodo también en las del  país vecino porque de aquél lado del cerco seguimos siendo parte de la misma humanidad y porque, a final de cuentas, todas las fiestas son pretexto para la convivencia y la unidad.

Esta es la primera vez que montamos en casa un altar de muertos, en gran parte por la petición de Emma, a la que no tardé en contestar que sí, porque me parece que las tradiciones en la familia desde que los niños son pequeños les ayudan a ir construyendo su identidad, promueve la integración y el gozo por hacer cosas juntos. Así que bueno, ayer me fui a pedir dulces a la calle por el famoso Halloween y hoy me tienen aquí, picando papel y comiendo pan de muerto.

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ALTAR DE MUERTOS A LUPITA, DON JOSÉ Y SERGIO

Fue un altar extremadamente sencillo porque no tenemos ninguna experiencia y es el primero que hacemos. No tiene todos los elementos que dicta la tradición, pero lo que sí tiene es mucho amor e intención de recordar y honrar a nuestros muertos para quienes fue preparado. Nos reunimos en familia para montarlo, picamos el papel juntos, tomamos chocolate caliente y entre todos decidimos dónde colocar cada objeto. Estoy segura de que fue la primera vez de muchas más que vendrán.

Lupita es mi mamá, devota guadalupana, amante de los chocolates, la nieve, la música de Raphael y los centros comerciales en San Diego. Fue una persona alegre, con la sonrisa siempre lista, queridísima por todo el planeta y famosa por su habilidad para socializar y mantener una plática agradable. Con sus hijos fue una madre amorosa pero no por ello menos estricta. Tenía siempre a la mano el abrazo y el beso pero también el cinturón y la típica amenaza materna si nos atrevíamos a desobedecer. Murió de cáncer el 9 de marzo de 1992, a los 42 años de edad.

Don José es mi abuelo paterno, el señor más recto y fiel a sus ideas que he conocido. No comía tortillas de maíz porque decía que eran el símbolo del atraso de los mexicanos y se moría antes de tomarse un vaso de Coca Cola, a la que catalogaba como "las aguas negras del imperialismo yanqui". En cambio adoraba los guisos de mi abuela, el queso panela con miel de abeja, leer un buen libro o su revista Siempre, fumarse sus Raleigh o ver la televisión con su viejita. Como más lo recuerdo, es abriéndome los brazos para hacerme "columpio" cuando veía que llegaba a su casa y corría hacia él. Murió de un infarto el 1 de noviembre de 1991.

Sergio, o Sergito como todos le decían de cariño, es primo hermano de David y como eran muy cercanos en edad, crecieron siempre juntos. Mi esposo lo recuerda como un chavo alegre, súper amiguero y siempre con ánimos para la fiesta. Le gustaba mucho la lasaña, la música de Metallica y todo lo que tuviera que ver con la cultura mexicana y sus héroes. En su cuarto tenía una bandera de México enorme y un día le pidió a su hermana que le pintara un retrato de Zapata. Murió de un infarto el 12 de julio del 2008.

 

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